- LA FINALIDAD DE LOS GRUPOS DE MUTUA AYUDA
Existen diversas modalidades referentes a la estructuración, duración y funcionamiento de estos grupos.
Se puede, de todas maneras, destacar cuatro objetivos comunes que los caracterizan:
1. EL APOYO EMOTIVO: grupo El se convierte en un lugar en el cual los participantes pueden dar voz a su propio dolor, a sus miedos y esperanzas, a la historia de sus propias decepciones, derrotas y progresos. El poder expresar sus sentimientos y el sentirse comprendido, constituyen la base sobre la cual se construye la confianza y la experiencia de mutua ayuda.
2. El APOYO SOCIAL: La vivencia de un problema doloroso puede generar soledad, aislamiento, desconfianza. La soledad contribuye, de vez en cuando, a engendrar problemas y produce actitudes de victimismo, de desconfianza en el prójimo o de baja autoestima.
La presencia de otras personas que comparten un 0 similar crea vínculos de solidaridad, abre espacios de esperanza, mejora la propia habilidad comunicativa e interpersonal, favorece un clima de positividad y apoyo que ayuda a VOLVER A VIVIR y a proyectarse hacia el futuro.
3. LA INFORMACIÓN Y EDUCACIÓN RECÍPROCA: El grupo no es sólo una especie de confesionario que acoge la tribulación de la propia humanidad herida, es también una escuela donde cada uno es, al mismo tiempo, maestro y discípulo.
Maestro de cuanto se ha madurado e interiorizado a la luz de la propia experiencia, y discípulo de cuanto se aprende escuchando y observando a los demás.
Una persona podría continuar lastimándose, porque no ha analizado bien sus propios esquemas de referencia mentales y emotivos.
Del encuentro con otras personas se pueden aprender modalidades muy constructivas para afrontar los problemas, descubrir vías inexploradas o imitar el ejemplo de quienes han resuelto positivamente sus mismos dilemas.
La oportunidad de conocer y ampliar los propios horizontes operativos puede ser la mejor medicina para evitar permanecer envueltos en comportamientos autolesivos. - 4. POTENCIAR LA PROPIA CAPACIDAD PARA AFRONTAR Y RESOLVER LOS PROBLEMAS DE LA VIDA.
El grupo es un ancla a la cual aferrarse en los momentos de dificultad o cuando se tiene la sensación de estar perdidos y sin brújula.
El áncora no es una morada, así como el grupo no debe convertirse para el náufrago en una dependencia o en el único lugar donde se siente seguro en el mundo. El objetivo del grupo no es tanto el de crear dependencia o de dar “falsa seguridad” a cuantos lo frecuentan, es más bien para ayudar a curar las propias heridas para sanarse y recomenzar el viaje.
El objetivo es el de favorecer que el encuentro con los demás promueva la confianza personal, permita tomar control de la propia vida, tomar consciencia de las propias necesidades y emociones, estimule a asumir aquellas iniciativas y a tomar los riesgos que sacan a la luz las propias potencialidades escondidas, a lanzarse con realismo y coraje en el mar de la vida.
APORTES SANANTES DE LOS GRUPOS DE APOYO Y MUTUA AYUDA.
*La toma de conciencia de que hay otras personas con problemas y sentimientos similares a los suyos.
*La comunicación horizontal (entre pares) más que vertical (ayudante-ayudado).
*La caída de las defensas o barreras psicológicas.
*El desarrollo de relaciones significativas y de nuevas amistades.
*La oportunidad de intercambiar con otros sobre distintas maneras de enfrentarse a las pérdidas.
*El aprendizaje de nuevas estrategias útiles a las soluciones de los problemas.
*La creciente capacidad de adaptarse a los cambios.
*El desarrollo de habilidades personales e interpersonales para fortalecer la propia autoestima.
EL CAMINO PARA RECUPERAR EL SENTIDO DE LA VIDA ESTÁ EN EL SABER ACOGER LAS OCASIONES QUE CADA DÍA SE PRESENTAN PARA AYUDAR A LOS OTROS.
Fuente: Libro Los Grupos de Mutua Ayuda en el Duelo. Autor Padre Arnaldo Pangrazzi.
Elaborado y adaptado para el grupo VOLVER A VIVIR POR Yuraima Martini.
viernes 3 de julio de 2009
martes 30 de junio de 2009
SUGERENCIAS PARA APOYAR A FAMILIARES Y AMIGOS EN SITUACIÓN DE DUELO.
DECÁLOGO DEL ACOMPAÑANTE DE DUELO
Para aquellos que quieren acompañar y ayudar a otros que han perdido seres queridos
1. Leeré, investigaré y me informaré de todo lo relacionado con el duelo, la aflicción y el luto. De esta forma mi ayuda será más efectiva.
2. Permitiré y animaré a la persona que recibe mi apoyo a que exprese los sentimientos de dolor y tristeza por la pérdida del ser amado, sin salir huyendo ante la expresión de los mismos.
3. Procuraré de que mis oídos estén siempre atentos para escuchar el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración, la soledad y todos los otros sentimientos que acompañan a la aflicción.
4. Prestaré, indefinidamente y mientras sea necesario, mis hombros, mis brazos y mi pecho como consuelo para sostener la afligida existencia de mi hermano adolorido y abatido por su pérdida.
5. No esperaré a que la persona a la que apoyo(el deudo) busque ayuda, tomaré siempre la iniciativa visitándolo, llamándolo y poniendome a la orden con sinceridad.
6. Contribuiré en todo lo que esté a mi alcance a que el apoyo y la comunicación sea efectiva por parte de la familia y que estos sean los instrumentos más efectivos que faciliten la recuperación por la pérdida del ser amado.
7. Respetaré las diferencias individuales en la expresión del dolor y en la recuperación del mismo, sabiendo y entendiendo que cada duelo es único y cada quien va a su ritmo.
8. Estaré atento a la presencia de reacciones anormales o distorsionadas del duelo y así poder informar al familiar mas cercano acerca de la ese tipo de conducta.
9. Animaré la realización de todas las actividades necesarias para la promoción, mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades durante el duelo, incluyendo la asistencia a los grupos de apoyo.
10. Una vez alcanzada la recuperación, animaré y colaboraré en el establecimiento de grupos de auto-ayuda en mi comunidad y de esta manera aportar toda la experiencia vivida durante el acompañamiento realizado.
Fuente:
http://montedeoya.homestead.com/decalogo.html
Elaborado y adaptado por Yuraima Martini para el Grupo Volver a Vivir. Grupo de apoyo y mutua ayuda para Padres y Madres en situación de Duelo.
Para aquellos que quieren acompañar y ayudar a otros que han perdido seres queridos
1. Leeré, investigaré y me informaré de todo lo relacionado con el duelo, la aflicción y el luto. De esta forma mi ayuda será más efectiva.
2. Permitiré y animaré a la persona que recibe mi apoyo a que exprese los sentimientos de dolor y tristeza por la pérdida del ser amado, sin salir huyendo ante la expresión de los mismos.
3. Procuraré de que mis oídos estén siempre atentos para escuchar el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración, la soledad y todos los otros sentimientos que acompañan a la aflicción.
4. Prestaré, indefinidamente y mientras sea necesario, mis hombros, mis brazos y mi pecho como consuelo para sostener la afligida existencia de mi hermano adolorido y abatido por su pérdida.
5. No esperaré a que la persona a la que apoyo(el deudo) busque ayuda, tomaré siempre la iniciativa visitándolo, llamándolo y poniendome a la orden con sinceridad.
6. Contribuiré en todo lo que esté a mi alcance a que el apoyo y la comunicación sea efectiva por parte de la familia y que estos sean los instrumentos más efectivos que faciliten la recuperación por la pérdida del ser amado.
7. Respetaré las diferencias individuales en la expresión del dolor y en la recuperación del mismo, sabiendo y entendiendo que cada duelo es único y cada quien va a su ritmo.
8. Estaré atento a la presencia de reacciones anormales o distorsionadas del duelo y así poder informar al familiar mas cercano acerca de la ese tipo de conducta.
9. Animaré la realización de todas las actividades necesarias para la promoción, mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades durante el duelo, incluyendo la asistencia a los grupos de apoyo.
10. Una vez alcanzada la recuperación, animaré y colaboraré en el establecimiento de grupos de auto-ayuda en mi comunidad y de esta manera aportar toda la experiencia vivida durante el acompañamiento realizado.
Fuente:
http://montedeoya.homestead.com/decalogo.html
Elaborado y adaptado por Yuraima Martini para el Grupo Volver a Vivir. Grupo de apoyo y mutua ayuda para Padres y Madres en situación de Duelo.
domingo 21 de junio de 2009
YO PERDÍ A MI HIJO...ENTREVISTA DE LA REVISTA PERÉNTESIS.
Diario El Carabobeño / Revista Paréntesis
Edición del Domingo 21 de Junio de 2009
Yo perdí a mi hijo
Mariana Oviedo Rangel
moviedo@el-carabobeno.com
Zunilde Rodríguez de Espinoza, contador público, tiene dos hijas y aunque su único varón murió como consecuencia de una enfermedad para ella sigue estando presente en su vida. “Tengo tres hijos, y digo esto porque aunque mi hijo se haya muerto sigue vivo en mi corazón. Fue el único varón que me dio Dios; nació con hidrocefalia, logró crecer sanamente y era muy inteligente. Desde los 13 años empezó a sufrir de problemas renales, los cuales fueron controlados con tratamiento. Estudió hasta el cuarto semestre de Administración de Empresas. Era un muchacho muy especial, anhelaba graduarse y trabajar, pero el destino le tenía preparado otra cosa.
Un año antes de su muerte le diagnosticaron insuficiencia renal grado cinco, y el último mes de diálisis convulsionó y le dio una neumonía, muriendo dos días después, el 16 de agosto del año 2007 con apenas 20 años de edad. Para mí ese momento fue el peor que he tenido en la vida.
La pérdida de un hijo es totalmente devastadora, es como si nos quitaran un pedacito de nuestro ser. La muerte de una madre es dolorosa, pero para mí la muerte de un hijo es lo más grande. Yo me enfermé de los nervios, visité al psiquiatra, tomaba psicotrópicos y antidepresivos. Ni siquiera salía a la calle, ni asistía a reuniones, sentía que mi vida no tenía sentido, pero gracias a Dios y a las terapias en la Asociación “Volver a Vivir” salí adelante, y siento que superé el duelo. Asistí a la asociación casi a los dos meses de la pérdida, porque una amiga de mi esposo me recomendó la institución. El aliento que te dan es grandísimo. Te ofrecen herramientas para que las apliques y puedas superar el duelo”.
Todas las personas experimentan el duelo en algún momento, como parte de mismo ciclo evolutivo de la vida, y dependiendo del grado de afinidad que se haya tenido con ese individuo afectará considerablemente a algunos sujetos más que a otros.
Cuando se muere un hijo se muere un sueño. Es un sentimiento único, doloroso e indescriptible por el que muchos padres atraviesan, el cual perdurará por siempre, como el mismo hecho de haber dado vida a ese ser. Pero se debe tener presente que ese evento no debe apoderarse para siempre.
Es ley que los hijos entierren a los padres. Cuando ocurre lo contrario impacta más. Muchas veces los progenitores no saben adónde ir, qué hacer, cómo vivir ese momento que marcará el comienzo de otra etapa y no exageran al decir que “no saben qué hacer con sus vidas”; agobiándose en los remordimientos y culpas, afectando esta situación al resto de la familia.
Yuraima Martini, es la directora de la Asociación Civil “Volver a Vivir”, una institución sin fines de lucro que se encarga de incentivar a padres que han perdido físicamente a sus hijos, comenta en base a su propia experiencia que la muerte de un hijo no se supera, “uno se recupera, se ordenan los pensamientos; nos volvemos a centrar en las cosas que queremos hacer en honor a esa persona”.
Es comprometedor determinar a exactitud el tiempo que tomará recuperarse de esa muerte y más cuando en algunos casos dicha muerte la originó otra persona por imprudencia, efectos del alcohol o algunas sustancias estupefacientes -en el caso de los accidentes de tránsito o hampa común-.
El duelo es la reacción emocional, física y espiritual en respuesta a la muerte o una pérdida y las personas pueden experimentar cambios como emociones fuertes, tristeza, ira, decepción, o por el contrario, falta de sueño o náuseas, entre otras. Esto se debe a la misma sociedad que no plantea la muerte como un hecho normal de la vida.
Se considera como un duelo apropiado el que una persona en el lapso de un año se haya enfrentado al dolor, organizado su vida y redefinir lo que va hacer. Eso es en una muerte de padres, cónyuge o familiar cercano.
“Con los hijos es mucho más complicado y a veces las personas no tienen conciencia de que el duelo es un proceso que tiene sus etapas”, dice Aarón Espinoza, psicólogo clínico y colaborador de dicha asociación.
Existen tres tipos de duelo: normal, complicado y traumático. En muchas familias ocurre que la persona doliente -madre o padre- es considerada un estorbo y no por el hecho de que pueda estar triste, sino porque no pueden realizar celebraciones y compartir. “Es ahí donde muchas veces llevan a la persona al especialista para que la mediquen y así pueda ‘superar la pérdida’, pero en realidad no es con ese fin, sino porque les molesta el no poder celebrar”, sostiene Espinoza.
Igualmente el experto le hace un llamado a los cuerpos de Patología Forense para que haya una inducción al personal para que así exista un acercamiento más sano al momento de darle la noticia a la familia de que un pariente ha muerto.
“En el sector público la manera como se enteran los ciudadanos y el buscar el cuerpo es parte del proceso del que deben curarse. En la parte privada, las clínicas tienen un convenio con la Unidad de Psicotrauma para ofrecerle de una manera menos dolorosa la información”.
No está físicamente, pero vive en mi corazón
Aunque pasen los años el recuerdo siempre estará, se debe tener presente que más allá de la ausencia física de esa persona, el espíritu siempre vivirá en nuestro corazón, y que cuando se logre aceptar esa pérdida obtendremos una mejor calidad de vida.
Martini destaca que existen momentos en el que habrán bajones así haya pasado el tiempo, incluso años, porque “en nuestra cultura no se maneja la muerte, sino que es observado como algo cruel, e indiscutiblemente no estamos educados para enterrar a un hijo”.
Llama la atención el número significativo de adolescentes y jóvenes en edades comprendidas entre 15 y 25 años que mueren semanalmente como consecuencia del hampa y accidentes de tránsito, esto según datos aportados por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre . Será dentro de unas décadas cuando se observe el problema, porque se está mermando esta generación.
Llorar es la mejor terapia
Los expertos aseguran que la mejor terapia para drenar todos aquellos sentimientos y emociones es el llanto, inclusive para el duelo.
Yuraima Martini asegura que las personas que lloran son las que más rápido se recuperan. “El que más fuerte se hace al término de unos seis meses comienza a retroceder, como si la muerte haya sido ayer”.
Es por eso que a continuación se presentan las tareas para superar el duelo:
* Aceptación: Se debe reconocer que esa persona no está, se fue; para eso existen muchas maneras. “Se va al cementerio, o donde se esparcieron las cenizas, se habla con el médico en el caso de que haya muerto como consecuencia de una enfermedad, es decir, se confronta con la realidad. Es doloroso pero eso te dará la certificación de que fue así, recordemos que sufriendo se sana”, enfatiza Martini. Hay que destacar que mientras se quiera evitar el dolor no se avanzará en el duelo. Psiquiátricamente se está recomendando que las personas vean el cuerpo muerto para que ayuden a la mente a tener un referencial de cuando cesó la vida esa persona, para así evitar que fantasee de que está vivo. “Es muy difícil mirar la urna y ver a tu hijo ahí, pero es la única manera de avanzar”.
* Expresar las emociones: La persona que no acepta, tomará otra actitud diferente con la vida; de repente no llora porque no acepta la muerte y va creando frustración. Pero las que sí aceptan comienzan a expresar lo que sienten: “rabia con Dios, conmigo mismo porque no le di el amor suficiente, porque si yo hubiese sabido lo hubiera amado más, le hubiera comprado el carro, la computadora, me siento culpable porque no lo llevé a una clínica privada, entre otros aspectos, y eso es muy importante”, aclara Yuraima Martini.
* Ajustarnos a la realidad: en esta etapa se debe acoplar la rutina con la ausencia de esa persona. “Si el hoy difunto sacaba la basura todos los días nosotros creamos esa resistencia porque es quitarle las bases a él. La persona tiene que arreglarse con todas las tareas de seguir viviendo sin que sienta culpa porque eso hay que hacerlo”.
* Reconciliarnos con la vida: en esta última etapa es fundamental plantearse un propósito de vida, de qué se hará de ahora en adelante, y cómo voy a manejar mi
vida. “Yo particularmente elaboro metas diariamente, claro sin olvidar las metas a futuro, pero el futuro es incierto, no se sabe si vendrá y el pasado ya pasó y ya no hay nada que hacer, lo mejor es vivir el día a día, pero reconciliados con la vida y con las demás personas”, concluye Martini.
Asociación Civil “Volver a Vivir”
Es una asociación sin fines de lucro, creada en el año 2006 como una iniciativa de Yuraima Martín, su directora, luego que perdiera trágicamente en un accidente de tránsito a su hijo y a su nieto. Observó que hacía falta centros especiales para personas que atraviesan por esa misma circunstancia. Funciona en la urbanización Los Sauces, en la sede de la Asociación de Vecinos.
En el grupo encontrará personas que están atravesando o superaron ese mismo dolor, y todos con un mismo objetivo: comprometidos con la vida y claros en su realidad.
“Ese apoyo de compartir con personas que entienden tu mismo dolor, la naturaleza de tu tristeza y tu pérdida es algo que no tiene precio y que no se detiene después de que vayas al especialista, porque te asesora, hace una empatía contigo y te comprende, pero él no ha vivido tu situación, eso le da como un compartir, un mismo idioma, entender las experiencias, comprender ese sinsabor, esa amargura, y es como una fortaleza de algo que es más grande que ellos. Y muchas veces les da esa posibilidad de pararse, de sentir que es superable”, sostiene Aarón Espinoza. Las terapias o convivencias para los padres se realizan el primer domingo de cada mes, y para familiares (hermanos, primos, abuelos) el tercero. En la actualidad se necesita la colaboración de profesionales especializados en psicología que quieran compartir esta experiencia y ayudar a las personas a salir de ese dolor.
Edición del Domingo 21 de Junio de 2009
Yo perdí a mi hijo
Mariana Oviedo Rangel
moviedo@el-carabobeno.com
Zunilde Rodríguez de Espinoza, contador público, tiene dos hijas y aunque su único varón murió como consecuencia de una enfermedad para ella sigue estando presente en su vida. “Tengo tres hijos, y digo esto porque aunque mi hijo se haya muerto sigue vivo en mi corazón. Fue el único varón que me dio Dios; nació con hidrocefalia, logró crecer sanamente y era muy inteligente. Desde los 13 años empezó a sufrir de problemas renales, los cuales fueron controlados con tratamiento. Estudió hasta el cuarto semestre de Administración de Empresas. Era un muchacho muy especial, anhelaba graduarse y trabajar, pero el destino le tenía preparado otra cosa.
Un año antes de su muerte le diagnosticaron insuficiencia renal grado cinco, y el último mes de diálisis convulsionó y le dio una neumonía, muriendo dos días después, el 16 de agosto del año 2007 con apenas 20 años de edad. Para mí ese momento fue el peor que he tenido en la vida.
La pérdida de un hijo es totalmente devastadora, es como si nos quitaran un pedacito de nuestro ser. La muerte de una madre es dolorosa, pero para mí la muerte de un hijo es lo más grande. Yo me enfermé de los nervios, visité al psiquiatra, tomaba psicotrópicos y antidepresivos. Ni siquiera salía a la calle, ni asistía a reuniones, sentía que mi vida no tenía sentido, pero gracias a Dios y a las terapias en la Asociación “Volver a Vivir” salí adelante, y siento que superé el duelo. Asistí a la asociación casi a los dos meses de la pérdida, porque una amiga de mi esposo me recomendó la institución. El aliento que te dan es grandísimo. Te ofrecen herramientas para que las apliques y puedas superar el duelo”.
Todas las personas experimentan el duelo en algún momento, como parte de mismo ciclo evolutivo de la vida, y dependiendo del grado de afinidad que se haya tenido con ese individuo afectará considerablemente a algunos sujetos más que a otros.
Cuando se muere un hijo se muere un sueño. Es un sentimiento único, doloroso e indescriptible por el que muchos padres atraviesan, el cual perdurará por siempre, como el mismo hecho de haber dado vida a ese ser. Pero se debe tener presente que ese evento no debe apoderarse para siempre.
Es ley que los hijos entierren a los padres. Cuando ocurre lo contrario impacta más. Muchas veces los progenitores no saben adónde ir, qué hacer, cómo vivir ese momento que marcará el comienzo de otra etapa y no exageran al decir que “no saben qué hacer con sus vidas”; agobiándose en los remordimientos y culpas, afectando esta situación al resto de la familia.
Yuraima Martini, es la directora de la Asociación Civil “Volver a Vivir”, una institución sin fines de lucro que se encarga de incentivar a padres que han perdido físicamente a sus hijos, comenta en base a su propia experiencia que la muerte de un hijo no se supera, “uno se recupera, se ordenan los pensamientos; nos volvemos a centrar en las cosas que queremos hacer en honor a esa persona”.
Es comprometedor determinar a exactitud el tiempo que tomará recuperarse de esa muerte y más cuando en algunos casos dicha muerte la originó otra persona por imprudencia, efectos del alcohol o algunas sustancias estupefacientes -en el caso de los accidentes de tránsito o hampa común-.
El duelo es la reacción emocional, física y espiritual en respuesta a la muerte o una pérdida y las personas pueden experimentar cambios como emociones fuertes, tristeza, ira, decepción, o por el contrario, falta de sueño o náuseas, entre otras. Esto se debe a la misma sociedad que no plantea la muerte como un hecho normal de la vida.
Se considera como un duelo apropiado el que una persona en el lapso de un año se haya enfrentado al dolor, organizado su vida y redefinir lo que va hacer. Eso es en una muerte de padres, cónyuge o familiar cercano.
“Con los hijos es mucho más complicado y a veces las personas no tienen conciencia de que el duelo es un proceso que tiene sus etapas”, dice Aarón Espinoza, psicólogo clínico y colaborador de dicha asociación.
Existen tres tipos de duelo: normal, complicado y traumático. En muchas familias ocurre que la persona doliente -madre o padre- es considerada un estorbo y no por el hecho de que pueda estar triste, sino porque no pueden realizar celebraciones y compartir. “Es ahí donde muchas veces llevan a la persona al especialista para que la mediquen y así pueda ‘superar la pérdida’, pero en realidad no es con ese fin, sino porque les molesta el no poder celebrar”, sostiene Espinoza.
Igualmente el experto le hace un llamado a los cuerpos de Patología Forense para que haya una inducción al personal para que así exista un acercamiento más sano al momento de darle la noticia a la familia de que un pariente ha muerto.
“En el sector público la manera como se enteran los ciudadanos y el buscar el cuerpo es parte del proceso del que deben curarse. En la parte privada, las clínicas tienen un convenio con la Unidad de Psicotrauma para ofrecerle de una manera menos dolorosa la información”.
No está físicamente, pero vive en mi corazón
Aunque pasen los años el recuerdo siempre estará, se debe tener presente que más allá de la ausencia física de esa persona, el espíritu siempre vivirá en nuestro corazón, y que cuando se logre aceptar esa pérdida obtendremos una mejor calidad de vida.
Martini destaca que existen momentos en el que habrán bajones así haya pasado el tiempo, incluso años, porque “en nuestra cultura no se maneja la muerte, sino que es observado como algo cruel, e indiscutiblemente no estamos educados para enterrar a un hijo”.
Llama la atención el número significativo de adolescentes y jóvenes en edades comprendidas entre 15 y 25 años que mueren semanalmente como consecuencia del hampa y accidentes de tránsito, esto según datos aportados por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre . Será dentro de unas décadas cuando se observe el problema, porque se está mermando esta generación.
Llorar es la mejor terapia
Los expertos aseguran que la mejor terapia para drenar todos aquellos sentimientos y emociones es el llanto, inclusive para el duelo.
Yuraima Martini asegura que las personas que lloran son las que más rápido se recuperan. “El que más fuerte se hace al término de unos seis meses comienza a retroceder, como si la muerte haya sido ayer”.
Es por eso que a continuación se presentan las tareas para superar el duelo:
* Aceptación: Se debe reconocer que esa persona no está, se fue; para eso existen muchas maneras. “Se va al cementerio, o donde se esparcieron las cenizas, se habla con el médico en el caso de que haya muerto como consecuencia de una enfermedad, es decir, se confronta con la realidad. Es doloroso pero eso te dará la certificación de que fue así, recordemos que sufriendo se sana”, enfatiza Martini. Hay que destacar que mientras se quiera evitar el dolor no se avanzará en el duelo. Psiquiátricamente se está recomendando que las personas vean el cuerpo muerto para que ayuden a la mente a tener un referencial de cuando cesó la vida esa persona, para así evitar que fantasee de que está vivo. “Es muy difícil mirar la urna y ver a tu hijo ahí, pero es la única manera de avanzar”.
* Expresar las emociones: La persona que no acepta, tomará otra actitud diferente con la vida; de repente no llora porque no acepta la muerte y va creando frustración. Pero las que sí aceptan comienzan a expresar lo que sienten: “rabia con Dios, conmigo mismo porque no le di el amor suficiente, porque si yo hubiese sabido lo hubiera amado más, le hubiera comprado el carro, la computadora, me siento culpable porque no lo llevé a una clínica privada, entre otros aspectos, y eso es muy importante”, aclara Yuraima Martini.
* Ajustarnos a la realidad: en esta etapa se debe acoplar la rutina con la ausencia de esa persona. “Si el hoy difunto sacaba la basura todos los días nosotros creamos esa resistencia porque es quitarle las bases a él. La persona tiene que arreglarse con todas las tareas de seguir viviendo sin que sienta culpa porque eso hay que hacerlo”.
* Reconciliarnos con la vida: en esta última etapa es fundamental plantearse un propósito de vida, de qué se hará de ahora en adelante, y cómo voy a manejar mi
vida. “Yo particularmente elaboro metas diariamente, claro sin olvidar las metas a futuro, pero el futuro es incierto, no se sabe si vendrá y el pasado ya pasó y ya no hay nada que hacer, lo mejor es vivir el día a día, pero reconciliados con la vida y con las demás personas”, concluye Martini.
Asociación Civil “Volver a Vivir”
Es una asociación sin fines de lucro, creada en el año 2006 como una iniciativa de Yuraima Martín, su directora, luego que perdiera trágicamente en un accidente de tránsito a su hijo y a su nieto. Observó que hacía falta centros especiales para personas que atraviesan por esa misma circunstancia. Funciona en la urbanización Los Sauces, en la sede de la Asociación de Vecinos.
En el grupo encontrará personas que están atravesando o superaron ese mismo dolor, y todos con un mismo objetivo: comprometidos con la vida y claros en su realidad.
“Ese apoyo de compartir con personas que entienden tu mismo dolor, la naturaleza de tu tristeza y tu pérdida es algo que no tiene precio y que no se detiene después de que vayas al especialista, porque te asesora, hace una empatía contigo y te comprende, pero él no ha vivido tu situación, eso le da como un compartir, un mismo idioma, entender las experiencias, comprender ese sinsabor, esa amargura, y es como una fortaleza de algo que es más grande que ellos. Y muchas veces les da esa posibilidad de pararse, de sentir que es superable”, sostiene Aarón Espinoza. Las terapias o convivencias para los padres se realizan el primer domingo de cada mes, y para familiares (hermanos, primos, abuelos) el tercero. En la actualidad se necesita la colaboración de profesionales especializados en psicología que quieran compartir esta experiencia y ayudar a las personas a salir de ese dolor.
sábado 20 de junio de 2009
DE DUELO Y PÉRDIDAS...
“Toda pérdida amerita un duelo. La Pérdida es un quebrantamiento de lo esperado, de lo soñado, de lo planeado, de mi futuro”.
Mayela Carrillo de Gaerste
"El Duelo es el proceso de despedirse del dolor y la tristeza causada por una perdida, sea física, emocional, social, material o de cualquier índole, donde me desprendo de su significado para sencillamente volver a vivir.Una pérdida es la separación, el distanciamiento de algo que a uno -de alguna manera- lo constituye. Uno pierde lo que es propio, lo que a uno lo conforma. Toda pérdida implica un espacio, un lugar, que queda en ausencia. Cuando ocurre la pérdida se presentan un conjunto de reacciones de tipo físico, emocionales, psicológicas, sociales (entre otras) que a su vez implica un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación.
Es a través del duelo que me despido de la tristeza que me acompaña desde que perdí lo que amaba y que ahora me doy cuenta que necesito.
Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.
Hemos utilizado mucho tiempo en querer entender lo que ha ocurrido, porqué paso?, como fué que me paso a mi?... y en este momento lo mas importante es que hacemos ahora que ya lo amado no está. Es resolver mi necesidad de compañía, es responder a una pregunta que no sabemos contestar: ¿Qué hago ahora sin tí? Y es el duelo lo que nos llevara a disfrutar lo único que en realidad poseo, mi presente.
Solo cuando somos capaces de recordar lo pérdido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin el o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos, es que estamos en presencia del duelo resuelto. Cuando lloramos ante una pérdida, en realidad estamos llorando por la pérdida y por nosotros porque ya no se que hacer sin lo que perdí.
Por ello toda pérdida implica la necesidad de una elaboración tendiente a recomponer en alguna medida este espacio que ha quedado vacío. Una elaboración que le permita retomar la energía que dedicaba al objeto perdido, para poder dedicarlo a otra cosa.
La pérdida constituye un daño y es también lo que puede motorizar la búsqueda de nuevas relaciones, de crecimiento, de incorporación de cosas, de ampliación de eso que a uno lo constituye. Dependiendo de nuestra primera experiencia de pérdida, de desprendimiento, dependerá en el presente nuestra manera de enfrentar nuestra frustración ante lo perdido.
Cuando una persona se detiene ante la pérdida, como si quisiera devolver el tiempo, en realidad esta deteniendo todo su presente, y no se esta permitiendo vivir el dolor.
Si ud. está teniendo problemas para responder a las pérdidas y está constituyendo un obstáculo para que ud. se desenvuelva, es bueno recurrir a otros que puedan realizar un aporte. Busque ayuda, hay otro que le necesita y están sufriendo por verle así."
Copiado textualmente a esta página por Yuraima Martini para "Volver a Vivir" Grupo de Apoyo y Mutua Ayuda para Padres y Madres que han sufrido la pérdida de un hijo/a o cualquier tipo de pérdida significante.
Mayela Carrillo de Gaerste
Email: mayelagaerste@gmail.com
Valencia - Venezuela
Mayela Carrillo de Gaerste
"El Duelo es el proceso de despedirse del dolor y la tristeza causada por una perdida, sea física, emocional, social, material o de cualquier índole, donde me desprendo de su significado para sencillamente volver a vivir.Una pérdida es la separación, el distanciamiento de algo que a uno -de alguna manera- lo constituye. Uno pierde lo que es propio, lo que a uno lo conforma. Toda pérdida implica un espacio, un lugar, que queda en ausencia. Cuando ocurre la pérdida se presentan un conjunto de reacciones de tipo físico, emocionales, psicológicas, sociales (entre otras) que a su vez implica un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación.
Es a través del duelo que me despido de la tristeza que me acompaña desde que perdí lo que amaba y que ahora me doy cuenta que necesito.
Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.
Hemos utilizado mucho tiempo en querer entender lo que ha ocurrido, porqué paso?, como fué que me paso a mi?... y en este momento lo mas importante es que hacemos ahora que ya lo amado no está. Es resolver mi necesidad de compañía, es responder a una pregunta que no sabemos contestar: ¿Qué hago ahora sin tí? Y es el duelo lo que nos llevara a disfrutar lo único que en realidad poseo, mi presente.
Solo cuando somos capaces de recordar lo pérdido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin el o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos, es que estamos en presencia del duelo resuelto. Cuando lloramos ante una pérdida, en realidad estamos llorando por la pérdida y por nosotros porque ya no se que hacer sin lo que perdí.
Por ello toda pérdida implica la necesidad de una elaboración tendiente a recomponer en alguna medida este espacio que ha quedado vacío. Una elaboración que le permita retomar la energía que dedicaba al objeto perdido, para poder dedicarlo a otra cosa.
La pérdida constituye un daño y es también lo que puede motorizar la búsqueda de nuevas relaciones, de crecimiento, de incorporación de cosas, de ampliación de eso que a uno lo constituye. Dependiendo de nuestra primera experiencia de pérdida, de desprendimiento, dependerá en el presente nuestra manera de enfrentar nuestra frustración ante lo perdido.
Cuando una persona se detiene ante la pérdida, como si quisiera devolver el tiempo, en realidad esta deteniendo todo su presente, y no se esta permitiendo vivir el dolor.
Si ud. está teniendo problemas para responder a las pérdidas y está constituyendo un obstáculo para que ud. se desenvuelva, es bueno recurrir a otros que puedan realizar un aporte. Busque ayuda, hay otro que le necesita y están sufriendo por verle así."
Copiado textualmente a esta página por Yuraima Martini para "Volver a Vivir" Grupo de Apoyo y Mutua Ayuda para Padres y Madres que han sufrido la pérdida de un hijo/a o cualquier tipo de pérdida significante.
Mayela Carrillo de Gaerste
Email: mayelagaerste@gmail.com
Valencia - Venezuela
domingo 7 de junio de 2009
ENTREVISTA REALIZADA POR EL DIARIO NOTITARDE

CONFABULARIO DEL DIARIO
NOTITARDE.
ENTREVISTA REALIZADA POR LA LIC. MARISOL PRADAS.
Yuraima Martini, del grupo de apoyo Volver a Vivir
Hay que ser artífices de nuestra mente
Foto: Lisandro Barazarte.
Yuraima Martini es odontólogo, profesión que ejerce desde hace 26 años, a la par de ofrecer cursos a través de un grupo de apoyo y mutua ayuda para padres y madres que han sufrido la muerte de un hijo o hija.
Ella misma, años atrás, vivió el doloroso momento de hallarse frente a su hijo y su nieto, muertos, en un accidente de tránsito.
- La muerte de un hijo o hija puede llegar a calificarse como el dolor más terrible y devastador del ser humano. Se experimentan sentimientos y emociones mezcladas; muchas veces, contradictorias. Muchos padres quedan paralizados, como anestesiados. Otros, expresan su dolor con arrebatos emocionales de gran intensidad.
¿Cómo nace esa necesidad de compartir experiencias para ayudar a las demás personas?
Hago todo esto porque viví la experiencia, y mi deseo es compartir con todos los hombres y mujeres que han sufrido la pérdida de un descendiente que sí se puede. Es difícil, pero sí se puede salir de ese oscuro túnel.
Mi hijo Jesús Gabriel representaba una parte importante en mi vida, porque quizás estuve mucho tiempo sola, después de divorciarme, me dio muchas satisfacciones más allá de las dificultades. La llegada de mi nieto también representó mucho para mí y su decisión de irse a vivir definitivamente a Guanarito, estado Portuguesa, para progresar como pareja y como padre tuvo el fatal desenlace.
¿Cómo hizo en esa primera etapa de duelo?
Los duelos hay que elaborarlos. Es fácil decir que hay que vivirlos y finiquitarlos. El duelo es una despedida. Le tienes que decir "adiós" a algo, a una pérdida. No necesariamente a una muerte. Pérdida es todo, un esposo que se te va de tu lado; si pierdes un trabajo y tienes 60 años, ello puede ser una pérdida tan dolorosa como la muerte de un hijo.
Lo que pasa es que la ausencia física de una persona causa mucha extrañeza. Y el ver todos los días a alguien te hace pensar que siempre los vas a ver. Cuando hay la ausencia física es cuando viene aquel derrumbe de tu mente; de todo tu esquema, de toda tu parte humana. Eso es lo que hay que trabajar.
La Organización Mundial de Salud explica, y no hay que ser muy experto para saber, que la muerte de un hijo es la situación más devastadora que puede vivir un ser humano.
¿Cómo salió usted de ese estado depresivo que vivió?
Primeramente confiando en Dios. Dentro de mí me planteé recuperarme y se me metió en la mente que mi recuperación iba a ser de beneficio para otros. Esa fue la manera de recuperarme. Fue algo que tomé de lo externo para traerlo a lo interno. Una vez que internalizo todo, supe que no podía ser útil así como estaba. Allí comencé a hacer estudios sobre el duelo; para atender situaciones de crisis. Fui a Panamá, me preparé en la Fundación Piero Martínez de la Hoz. Escuchando en los seminarios todo lo que informaban supe que debía buscar ayuda más profunda. Estuve en tratamiento psiquiátrico durante ocho meses. Poco a poco fui saliendo y le pedí al doctor que me eliminara las pastillas porque iba a formar un grupo de apoyo. Hubiese sido poco honesto de mi parte hacerlo bajo la influencia del tratamiento. Abrí entonces el Grupo Volver a Vivir 2007 y he tenido muy buen receptividad de los medios, sobre todo de Notitarde, porque una de sus trabajadoras , Elia Torrealba, mujer de muy buen corazón, digna de ser entrevistada, ha podido sobrellevar la pérdida de un hijo, asistiendo a nuestras reuniones semanales.
¿Cuánto tiempo lleva con este grupo y dónde se reúnen?
Tres años. Antes, cuando comencé, hice una especie de noviciado, me trasladaba a diferentes partes. Ello me causó mucho agotamiento físico, pero a través de una publicación, una señora me ofreció los espacios de la Asociación de vecinos de la urbanización Los Sauces. Estamos allí y hasta hace unos meses no tuvimos que pagar nada. Ahora damos una colaboración para poder contribuir con gastos de mantenimiento. Es un lugar muy accesible que permite una fácil ubicación a través de la avenida Bolívar, asisten muchas personas, en su mayoría, de escasos recursos económicos, que necesitan un espacio donde no los critiquen ni los juzguen. Otras personas que van, muy estudiadas, también son bien recibidas porque aportan con sus conocimientos.
¿Una persona puede reconocer que tiene estado depresivo?
Es muy difícil. Generalmente lo hace otro. Aunque no soy psiquiatra, puedo decir que si una persona lleva dos semanas pensando en una misma cosa, sin apetito; hay que pensar que está comenzando un estado depresivo, si ha pasado por un momento de crisis. Ahora, hay depresiones que no tienen causa. Son las más tremendas. Son personas que tienen condición física para que ello suceda.
¿Cómo se siente usted en estos momentos, una vez superada la crisis?
Voy a aclarar algo: para mí la muerte de un hijo no se supera. Uno, constantemente, tiene que ir ayudándose; haciendo un propósito de vida; tomando nuevas ayudas y buscando la manera de apoyar a otras personas, para que no invadan esos recuerdos tristes que van a llegar. Uno tiene que aprender a ser artífice de su mente, un arquitecto de su mente o un artista para ir transformando todos esos pensamientos negativos en cosas positivas. Si me llega un pensamiento con la imagen del hijo, de la forma cómo murió, mucho más si fue en forma violenta, cosa que sucede muchísimo, tenemos que aprender a transformarlo.
A una madre que vio a su hijo muerto en una acera, producto de la delincuencia, le es recurrente el recuerdo de ese momento de cómo vio a su hijo, por última vez. En esos casos hay que trabajar con unas técnicas que permiten ir sanando ese momento. A través de los pensamientos es que manifestamos lo que somos.
Su rostro refleja liviandad... imagino que otro muy distinto tenía usted cuando estaba sumergida en el dolor de la pérdida...
Hace cinco años atrás estaba enloquecida. No sabía si estaba viva o muerta. Es muy difícil...
Inclusive su físico hablaba de eso...
Sí, por supuesto. No me pintaba el cabello; me envejecí. No quería trabajar. No le encontraba sentido a mi vida.
Teniendo otra hija...
Pero en esos momentos... puedes tener diez... que ninguno va a llenar tus satisfacciones. Ninguno va a sustituir la pérdida del otro. Sólo con el hecho de estar vivo te da tranquilidad.
Contacto: 0416-511.11.36/ 0414-439.26.88; correo electrónico: volveravivir2007@gmail.com; www.volveravivir2007.blogspot.com.
sábado 30 de mayo de 2009
NO TODO TERMINA CUANDO SE VA UN HIJO.
“No todo termina cuando se va un hijo, más bien, muchas cosas comienzan.
Esa es la tarea; descubrir qué es lo que comienza en la vida después que se va un hijo, qué es lo que comienza que valga la pena, qué es lo que comienza que tenga el mismo valor que ese hijo que se fue, ese es el desafío para todos nosotros.
¡Cuánto tenemos todavía para vivir! ¡cuánto! cuánto valor hay todavía en la vida! ¡cuánto para hacer, para dignificar y para proteger la vida, comencemos a hacerlo ya, si no lo hemos hecho antes, y si ya lo hicimos, sigamos haciéndolo, no nos quedemos cortos, porque nuestros hijos, los que están, los que no están, los que nos rodean, todo, la vida merece nuestro mejor esfuerzo siempre y por toda la vida.
Yo elijo lo que voy a hacer con mi vida, yo elijo como voy a llevar mi dolor, si lo voy a llevar buscando moneditas por el suelo o lo voy a llevar con dignidad porque así se lo merece mi hijo, porque así se lo merecen los hijos que me quedan.
Hubo sí un momento en que se rompió mi conexión con el mundo, se rompió mi conexión con el otro. Cuando parte un hijo, de repente, uno se encuentra aislado, solo con su dolor, solo consigo mismo, todo cambió; se rompió el puente que me unía al mundo y a los demás.
Entonces tengo que volver a construir ese puente que me va a llevar otra vez a relacionarme con el mundo, con los demás.
Se construye ese puente cuando me acerco al otro, cuando renuncio a algo que es propio de mi yo, cuando renuncio a lo que yo siento, cuando renuncio a como estoy, por los demás.
Cuando renuncio a mi yo, por algo que no soy yo, estoy renunciando a algo menos elevado, por algo más elevado y lo hago por aquellos que me necesitan y en última instancia lo hago por ese hijo que me está mirando y me está diciendo “¿eso es todo lo que puedo esperar de ustedes?”
La tristeza viene sola, la podemos cultivar como una manera de ser en el mundo, el vivir a medias, también podemos vivir así toda la vida, pero ¿Queremos, realmente, vivir así?
¿Eso es todo lo que mi hijo espera de mí? No, ninguno de nuestros hijos esperaría de nosotros la línea del menor esfuerzo.
Yo quiero renunciar a esa manera de vivir, por una mejor manera y lo hago por todos, lo hago por ellos, lo hago por los que me rodean, por nosotros mismos y lo hacemos cada día de nuestra vida por todos.
Cuanto más pronto yo considere qué piensa y siente el otro, mejor me voy a sentir yo. No me voy a sentir bien por una varita mágica que me toque y me diga a partir de ahora ya todo va a estar bien, no, no es así, es el esfuerzo de ir construyendo, día a día, ese puente que me va a llevar, otra vez, a la vida plena, otra vez a considerar al otro en mi vida.
Es natural estar triste ¿verdad? Es natural llorar un poquito, extrañarlo, pero no esa desesperación, no ese desasosiego interior que no puedo estar ni conmigo mismo ni dentro de mi mismo, siendo un extranjero o una extranjera dentro de mi propio cuerpo, eso es lo que no puede ser.
Hay que elevarse como dice Víctor Frankl, en “las alas indómitas del espíritu”, elevarse por encima de lo que nos está pasando, por amor a ese ser tan amado y a los que quedan.
A veces alguien piensa que ya no puede hacer nada por ese hijo que partió ¡cómo que no vas a poder hacer nada por él!
Puedes renunciar a tu dolor desesperado por él o ella, puedes renunciar a sentir esa pena prolongada y hacer el esfuerzo, porque ellos merecen nuestro mejor esfuerzo, y siempre va a ser nuestra la responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestra vida.
¿Qué vamos a hacer con esto que nos pasó? porque una cosa es lo que nos pasó y otra muy diferente es lo que hacemos con esto que nos pasó.
Estamos en Renacer no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en Renacer porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo amoroso de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas, para que cuando nos toque partir no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.”
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
gyaberti@calamuchitanet.com.ar
Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti. Mayo de 2009.
Ulises, Ana y Enrique
De Renacer Congreso – Montevideo Uruguay, “Por la Esencia de Renacer”
Gracias por sus aportes al grupo Volver a Vivir 2007 Grupo de apoyo y mutua ayuda para Padres que han sufrido la muerte de un hijo.
VALENCIA-VENEZUELA
Publicado por Yuraima Martini para Volver a Vivir2007
Esa es la tarea; descubrir qué es lo que comienza en la vida después que se va un hijo, qué es lo que comienza que valga la pena, qué es lo que comienza que tenga el mismo valor que ese hijo que se fue, ese es el desafío para todos nosotros.
¡Cuánto tenemos todavía para vivir! ¡cuánto! cuánto valor hay todavía en la vida! ¡cuánto para hacer, para dignificar y para proteger la vida, comencemos a hacerlo ya, si no lo hemos hecho antes, y si ya lo hicimos, sigamos haciéndolo, no nos quedemos cortos, porque nuestros hijos, los que están, los que no están, los que nos rodean, todo, la vida merece nuestro mejor esfuerzo siempre y por toda la vida.
Yo elijo lo que voy a hacer con mi vida, yo elijo como voy a llevar mi dolor, si lo voy a llevar buscando moneditas por el suelo o lo voy a llevar con dignidad porque así se lo merece mi hijo, porque así se lo merecen los hijos que me quedan.
Hubo sí un momento en que se rompió mi conexión con el mundo, se rompió mi conexión con el otro. Cuando parte un hijo, de repente, uno se encuentra aislado, solo con su dolor, solo consigo mismo, todo cambió; se rompió el puente que me unía al mundo y a los demás.
Entonces tengo que volver a construir ese puente que me va a llevar otra vez a relacionarme con el mundo, con los demás.
Se construye ese puente cuando me acerco al otro, cuando renuncio a algo que es propio de mi yo, cuando renuncio a lo que yo siento, cuando renuncio a como estoy, por los demás.
Cuando renuncio a mi yo, por algo que no soy yo, estoy renunciando a algo menos elevado, por algo más elevado y lo hago por aquellos que me necesitan y en última instancia lo hago por ese hijo que me está mirando y me está diciendo “¿eso es todo lo que puedo esperar de ustedes?”
La tristeza viene sola, la podemos cultivar como una manera de ser en el mundo, el vivir a medias, también podemos vivir así toda la vida, pero ¿Queremos, realmente, vivir así?
¿Eso es todo lo que mi hijo espera de mí? No, ninguno de nuestros hijos esperaría de nosotros la línea del menor esfuerzo.
Yo quiero renunciar a esa manera de vivir, por una mejor manera y lo hago por todos, lo hago por ellos, lo hago por los que me rodean, por nosotros mismos y lo hacemos cada día de nuestra vida por todos.
Cuanto más pronto yo considere qué piensa y siente el otro, mejor me voy a sentir yo. No me voy a sentir bien por una varita mágica que me toque y me diga a partir de ahora ya todo va a estar bien, no, no es así, es el esfuerzo de ir construyendo, día a día, ese puente que me va a llevar, otra vez, a la vida plena, otra vez a considerar al otro en mi vida.
Es natural estar triste ¿verdad? Es natural llorar un poquito, extrañarlo, pero no esa desesperación, no ese desasosiego interior que no puedo estar ni conmigo mismo ni dentro de mi mismo, siendo un extranjero o una extranjera dentro de mi propio cuerpo, eso es lo que no puede ser.
Hay que elevarse como dice Víctor Frankl, en “las alas indómitas del espíritu”, elevarse por encima de lo que nos está pasando, por amor a ese ser tan amado y a los que quedan.
A veces alguien piensa que ya no puede hacer nada por ese hijo que partió ¡cómo que no vas a poder hacer nada por él!
Puedes renunciar a tu dolor desesperado por él o ella, puedes renunciar a sentir esa pena prolongada y hacer el esfuerzo, porque ellos merecen nuestro mejor esfuerzo, y siempre va a ser nuestra la responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestra vida.
¿Qué vamos a hacer con esto que nos pasó? porque una cosa es lo que nos pasó y otra muy diferente es lo que hacemos con esto que nos pasó.
Estamos en Renacer no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en Renacer porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo amoroso de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas, para que cuando nos toque partir no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.”
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
gyaberti@calamuchitanet.com.ar
Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti. Mayo de 2009.
Ulises, Ana y Enrique
De Renacer Congreso – Montevideo Uruguay, “Por la Esencia de Renacer”
Gracias por sus aportes al grupo Volver a Vivir 2007 Grupo de apoyo y mutua ayuda para Padres que han sufrido la muerte de un hijo.
VALENCIA-VENEZUELA
Publicado por Yuraima Martini para Volver a Vivir2007
viernes 1 de mayo de 2009
LOS HIJOS...REFLEXIÓN.
LOS HIJOS SON UN REGALO DE DIOS,NOS CORRESPONDE ENTONCES COMO PADRES EDUCARLOS, ENSEÑARLES VALORES Y LA GRANDEZA DE LA VIDA, ENSEÑARLES QUE NO PODREMOS RECOGER COSECHA SI ANTES NO HEMOS SEMBRADO,ENSEÑARLES QUE EN LA VIDA HAY PRIORIDADES Y QUE NO DEBEMOS SALTARLAS YA QUE SI NO LE DAREMOS MÁS IMPORTANCIA A LO URGENTE QUE A LO VITAL. NUESTRO TESTIMONIO HABLA MÁS QUE MIL PALABRAS, SOMOS FIGURAS IMPORTANTES PARA NUESTROS HIJOS Y LO QUE HAGAMOS CON NUESTRAS VIDAS SERÁ DETERMINANTE EN LA DE ELLOS. NO LE PIDAMOS RETRIBUCIÓN A CAMBIO DE LO QUE LES HEMOS DADO, O VICTIMIZARNOS PARA QUE ELLOS SEAN LO QUE NOSOTROS QUEREMOS QUE ELLOS SEAN O LO QUE NOSOTROS NO PUDIMOS SER, RECORDEMOS QUE ELLOS NO ESTAN EN NUESTRAS VIDAS PARA LLENAR NUESTROS VACIOS...SINO PARA VIVIR SU PROPIA EXISTENCIA, NECESITAN NUESTRO APOYO INCONDICIONAL...NO SON DE NUESTRA PROPIEDAD, A PESAR DE QUE VINIERON A TRAVÉS DE NOSOTROS, DEBEMOS RESPETARLOS PARA QUE ELLOS NOS RESPETEN, AMARLOS SIN JUZGARLOS, DARLES UN VOTO DE CONFIANZA, Y SI ES NECESARIO BUSCAR AYUDA HAGAMOSLO, SON LOS SERES MÁS HERMOSOS Y LOS QUE NOS HAN DADO MUCHO CON SU PRESENCIA...LA VIDA ES UN VIAJE EN EL CUAL NO SABEMOS EN QUE ESTACIÓN DEBEMOS BAJAR. LA DIFERENCIA ESTÁ EN QUE SI SUPIMOS HACER ESE VIAJE JUNTOS Y DISFRUTAMOS DE NUESTRO VIAJE... ENTONCES COMPRENDEREMOS UN POCO MEJOR EL PROPÓSITO DE LA EXISTENCIA QUE A CADA UNO LE TOCÓ VIVIR...
AUTOR: YURAIMA MARTINI
GRUPO DE APOYO U MUTUA AYUDA VOLVER A VIVIR.
AUTOR: YURAIMA MARTINI
GRUPO DE APOYO U MUTUA AYUDA VOLVER A VIVIR.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)