martes 28 de febrero de 2012

ASPECTOS PSICOLOGICOS DEL DUELO. RAMON MARTIN


ASPECTOS PSICOLOGICOS DEL DUELO
RAMON MARTIN

MUERTE Y DUELO
La biografía de toda persona, hombre o mujer, joven o madura está sembrada de una sucesión de apegos, pérdidas y separaciones
que le recuerdan, consciente o inconscientemente la precariedad y provisionalidad de todo vínculo y de toda realidad.
1
En cierto momento leí que: «Vivir es ir diciendo adiós a las cosas. Vivir es llenarse de pañuelos blancos. Es decir
adiós al amigo, a los padres, a la novia rubia o al joven apuesto que nunca llegó, al tren que se va, al abuelo que murió,
al hijo de un amigo que dejó su vida en la carretera ... »
Y en la capacidad de convivir, encajar y elaborar de una manera constructiva todo ese conjunto de pérdidas variadas en cada
momento el ser humano encontrará una de las mayores fuentes de energía para su crecimiento personal y para seguir enfrentándose
a la vida con actitudes vitales más sanas.
2
LA MUERTE: TENDON DE AQUILES DE LA SOCIEDAD ACTUAL
Escuché a un profesor afirmar muy convencido que los agujeros negros más significativos para el hombre y la mujer
contemporáneos, y por tanto para los distintos ámbitos de la antropología, psicología y teología actual son: la soledad, la culpa,
la enfermedad y la muerte. Frente a ellos fracasan muchas de las conquistas técnicas y las reflexiones filosóficas de las que nos
sentimos tan orgullosos los ciudadanos del año 2000.
De entre todas las pérdidas y separaciones que podríamos enumerar y que detenidamente presenta A. PANGRAZZI en su
relevante obra sobre el duelo, la que indudablemente es más temida, tanto si concierne a uno mismo como a alguien cercano, es la
muerte. La muerte, una realidad excesivamente familiar por la frecuencia y evidencia con que se presenta en nuestro entorno y, sin
embargo, una realidad que en nuestro medio cultural aparece en gran manera tabuizada, negada o confinada entre las paredes del
hospital o del tanatorio. La muerte que día a día se abre paso entre la vida con sus exigencias de imprevisibilidad, irreversibilidad,
inevitabilidad y universalidad, recordándonos de manera evidente nuestra condición de seres contingentes y vulnerables.
No obstante hoy se da una especie de atracción por aproximarse teóricamente al tema de la muerte. Posiblemente sea porque la
muerte de otros nos es próxima por dedicación profesional, por misión pastoral o por necesidad de acompañamiento como personal
voluntario y tenemos deseo y necesidad de saber más acerca de una realidad tan insidiosa y temida.
Pero cuando la muerte ajena se toca tan cerca y de forma tan persistente, como afirma H. DURKIN, «deja de ser un mero
concepto y se convierte en una tarea que nos remueve por dentro y puede hacer tambalearse nuestros esquemas conceptuales,
referenciales y operativo

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Todas las personas cuando nos acercamos a un paciente en situación terminal, manifestamos nuestros esquemas referenciales de
la misma manera que pautamos un tratamiento o aplicamos una técnica.
EL TRABAJO DEL DUELO: UN PERSONAL Y COSTOSO CAMINO INTERIOR

Según la psicoanalista M. KLEIN4
 con la muerte de una persona el allegado ha perdido físicamente a su ser querido, pero no ha
perdido definitivamente a ese objeto amado. Se puede volver a recuperarlo de otra forma sin la necesidad de su presencia o posesión
física. Esto se realiza mediante la incorporación psicológica de los aspectos buenos de la persona perdida, a través del recuerdo y
del afecto. Se daría con ello una verdadera reinstalación del objeto bueno perdido dentro del propio mundo interno de afectos. Esto
es lo que psicológicamente denominamos duelo y trabajo de duelo.
Llamamos duelo a la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo. Cada pérdida significativa, cada desapego de una
posición, objeto o ser querido significativo, provoca una serie de reacciones o sentimientos que nos hace pasar por un período
denominado duelo.

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El duelo es un proceso y no un estado. Por eso, después de sufrir una pérdida, según W. WORDEN6
, uno de los mejores
estudiosos del tema, hay ciertas tareas que se deben realizar para restablecer el equilibrio y para completar el proceso de duelo. Unas
tareas que requieren esfuerzo, lo que implica que la persona en duelo ha de ser activa y tiene en sus manos el poder de hacer algo
para seguir viviendo positivamente. Es, además, un reclamo a su fuerza interior y al sentido de esperanza. Y, finalmente, se ha de
saber desde el primer momento que elaborar un duelo es algo que lleva bastante tiempo. El dicho popular de que «el tiempo lo cura
todo» en el caso del duelo es solo parcialmente cierto; habría que completarlo diciendo que «el tiempo lo cura todo... si se trabaja».
De ahí que a todo este proceso acabemos denominándolo trabajo de duelo.
Las tareas que W. WORDEN propone y que parecen resumir las etapas esenciales que debe recorrer toda persona en duelo para
desprenderse del pasado y crecer en nuevas direcciones de forma positiva son:
— Reconocer y aceptar la realidad de la pérdida.
— Liberar y trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.— Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente y desarrollar nuevas habilidades y planteamientos de vida.
— Reinvertir la energía emocional en nuevas relaciones o intereses y encontrar motivos para seguir viviendo.
DOS TIPOS ESPECIALES DE PÉRDIDAS
Hay ciertas maneras de morir y ciertas circunstancias que requieren una comprensión adicional y modificaciones en las
intervenciones que van más allá de los procedimientos ordinarios en el tratamiento o acompañamiento del duelo (suicidio, muerte
súbita por accidente, problema cardiovascular, cáncer, Sida ... ), pero también se incluyen en este apartado aquellas que implican
la muerte de un niño o de un joven (accidente, muerte súbita infantil, aborto natural o provocado, muerte perinatal, procesos
oncológicos o infecciosos en niños ... ) y lo que para un niño puede suponer la muerte de uno de sus progenitores, de un hermano o
de un amigo.
Es lo que nos proponemos considerar en los dos apartados siguientes, basándonos en la triste evidencia de que muchos niños hoy
también mueren en nuestra sociedad tecnificada y que a ellos también se les va de vez en cuando alguno de sus seres queridos.
EL NIÑO EN DUELO
EL SECUESTRO DE LA MUERTE DEL NIÑO
Es evidente que, en la actualidad, se ven muchas más muertes que hace unas pocas décadas (y naturalmente por los niños
también), pero son muertes que sólo están en la televisión y en el cine, ya sean en las noticias o en los espacios de ficción.
Sin embargo, como bien precisa C. COBO7
, esas muertes son irreales, no pertenecen al ámbito de lo vivido y, lo que es peor,
son generalmente violentas, a menudo criminales, y no una experiencia íntima, personal, única. Los niños de hoy están mucho más
en contacto con imágenes de muerte, pero mucho menos con su vivencia inmediata en la medida que se han apartado de la cultura
agrícola y de la muerte en casa. El niño actual ya no ve al familiar muerto, sólo nota que ya no está; le falta el dato intermedio entre
la presencia y la ausencia, que es el cuerpo presente en su inmovilidad, rigidez y frialdad.
Ordinariamente, en nuestra cultura actual cuando muere un familiar a los niños se les mantiene a escondidas de cuanto ha sucedido,
se les envía a casa de algún pariente o se les excluye de participar en los ritos de la sepultura. Pero alguien ha escrito que «si un niño
vive con la verdad, aprende a afrontar la vida
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». Y una de las principales verdades que habría que transmitirle es que la muerte forma
parte de la vida. No obstante muchos niños, se ven privados de estos derechos porque sus familiares «bienintencionados» quieren
protegerlos del dolor. Y protegerlos del sufrimiento significa protegerlos de la vida.
APROXIMACIÓN A LOS SENTIMIENTOS INFANTILES
Experimentar la muerte de una de las figuras parentales durante la infancia es uno de los acontecimientos más estresantes de la
vida y tiene un efecto profundo en el desarrollo social, emocional y físico del niño, involucrado.
La característica principal del duelo del niño, como toda carencia, se definiría por un echar en falta
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 más que por nostalgia del
tipo adulto, y se reactualiza en hondura y significación a lo largo de toda la vida, tomando envergadura en momentos significativos
o cruciales de la existencia. Hombres y mujeres de las ciencias o de los negocios han confesado en la intimidad con voz velada
y aún resquebrajada, la sentida necesidad del padre o la madre que se les murió siendo ellos niños o adolescentes. Recuerdo
emocionadamente el pensamiento final de Ponette, la niña protagonista del espléndido film de Jacques DOILON. Esta niña acababa
de perder a su madre en un accidente hacía pocos días cuando viajaban juntas en su automóvil. Tras una angustiosa e imparable
búsqueda con su brazo en cabestrillo llamando a su madre e inventando distintas estrategias para reencontrarse con ella, cuando por
fin pudo entablar un breve diálogo a través de la fantasía, Ponette, la niña huérfana de cuatro años, marchó más reconciliada y serena
de la mano de su padre, diciéndole toda convencida: «Mamá me ha dicho que aprenda a jugar y a estar contenta».
L. KELLY y Ph. NEIL, del departamento de Psicología de la Universidad de Michigan, nos describen en un interesante artículo
el trabajo terapéutico que realizaron con un grupo de niños en duelo por la muerte de alguno de sus padres.
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Afirman que, a pesar del tabú, la confusión y el dolor asociado a la expresión de muerte paterna, los niños en tratamiento grupal
se muestran impacientes por compartir, con detalles gráficos o móviles los pensamientos y los sentimientos evocados por la muerte
de un padre/madre y sus consecuencias. Estos son, a modo de síntesis los sentimientos más comunes que manifiestan:
— Confusión mental sobre hechos relativos a la muerte.
— Miedo por la seguridad propia y de los demás.
— Tristeza y miedo a ser etiquetado o marcado por sus compañeros (estigma).
— Deseo de mantener una atadura o unión con el padre/madre desaparecido.
— Excitabilidad y ansiedad hacia el noviazgo y posible nuevo matrimonio del padre vivo.
— Tensión entre la necesidad de recordar al padre desaparecido y agarrarse al pasado y la necesidad de continuar la vida.CÓMO ACOMPAÑAR A UN NIÑO EN DUELO
Si los niños en duelo pudieran hablar de lo que les preocupa, sobre todo, cuando se les ha muerto el padre o la madre, seguramente
plantearían preguntas similares a éstas: ¿Va a volver?, ¿Ha sido por mi culpa? ¿Quién cuidará de mí ahora? ¿Me vas a dejar tú
también? ¿Me voy a morir yo? ¿Qué ha ocurrido realmente? Y en esos momentos de mayor confusión precisan y exigen una
respuesta adecuada de los mayores más significativos. No vaya a ocurrir como en el caso que nos narra E. LESHAN.
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 «El padre de dos niños murió de improviso y la madre, desconcertada por la tragedia, entregó los niños a una tía y se alejó de
casa varias semanas porque no quería hacer pesar su dolor sobre ellos. El día de su regreso, apenas bajó del coche, corrió a ellos para
abrazarlos, pero ellos huyeron y se escondieron en un bosque cercano. La madre se quedó turbada y herida por su actitud. En vista
de que no volvían a casa empezó a preocuparse y a movilizar a los amigos y a la policía para buscarlos. Fueron necesarias varias
horas de búsqueda antes de encontrarlos y llevarlos a casa. Los chicos habían huido porque estaban enfadados con su madre, que los
había abandonado en el momento que más la necesitaban. »
Aunque no existe un formulario suficientemente acreditado para informar y acompañar a un niño o un joven ante la muerte de un
ser querido o muy significativo nos atrevemos a sugerir unas pautas entresacadas de la propia experiencia y de la de otros autores y
psicoterapeutas que se han adentrado en estos temas.
— Ante la necesidad de dar al niño o joven la noticia de la pérdida de un ser querido el informante debe ser la persona más
vinculada afectivamente a ese niño.
— En esos momentos el niño debe conocer la verdad de manera sencilla y delicada, evitando descripciones terroríficas o
macabras. Se debe responder adecuadamente a sus preguntas, teniendo en cuenta el contexto emocional y su grado de desarrollo.
Incluso dejándole entrever que tampoco los adultos tenemos respuestas definitivas sobre la muerte en general, ni sobre la muerte
concreta de su ser querido. Pero, lo que no se debe hacer jamás es tratar de engañar al niño.
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— No utilizar nunca explicaciones eufemísticas del tipo: «se ha dormido», «se ha ido de viaje», «Dios se lo ha llevado». Estos
son planteamientos tópicos del adulto para salir del paso, pero potencialmente peligrosos, que pueden favorecer reacciones poco
saludables en los niños, creando aún más confusión en su mente.
— Aunque no existen fórmulas eficaces para dar tal tipo de noticia a un niño conviene suavizarla de entrada haciendo una
sencilla y breve introducción con los elementos reales de los que se disponga: «Mamá estaba muy malita y sufría mucho ... » «Tú
sabes que papá viajaba mucho por motivos de trabajo y que la carretera siempre es peligrosa ... »
— En momentos así se debe acoger físicamente al niño, bien sea conteniéndole en un abrazo o tomándole de las manos. No
obstante hay que ser muy cuidadoso en ese contacto físico con el adolescente, con el fin de no infantilizarlo y esbozar sólo el
acercamiento físico que se hará más intenso en la medida que él/ella lo acepte y lo requiera.
— También es conveniente dejarles participar en los ritos funerarios, en la celebración de aniversarios y demás conmemoraciones
según las creencias familiares y sus sistemas de valores, e incluso en las visitas al cementerio. En la medida que ellos deseen y
puedan se les ha de permitir contemplar y despedir el cadáver del ser querido. Es una imagen y un recuerdo necesario para una buena
elaboración posterior del duelo.
— Dejar que los niños sean testigos de los verdaderos sentimientos del adulto en duelo. Para los pequeños es bueno en su proceso
de maduración aprender que las emociones existen y que hay que asumirlas. Se debe favorecer que el niño recorra conjuntamente
con el adulto, pero a su propio ritmo, todas las fases del duelo y experimente los lógicos sentimientos de pena, resentimiento, miedo,
soledad...
— Es conveniente hablarles de la persona que ha muerto con la mayor naturalidad posible. Es una manera adecuada, aunque a
veces nada fácil para el adulto, de manifestar que sigue viva en nuestro corazón.
— Propiciar y animar a los niños a que comuniquen lo que saben, sienten y piensan acerca de la muerte. También los adultos
deben compartir sus convicciones e incertidumbres al respecto.
— Si se trata de una muerte anunciada conviene ir preparando al niño como en una especie de duelo anticipado progresivo, pero
sanamente insinuado. Es bueno facilitar que el niño, mediante las visitas breves y esporádicas a su ser querido gravemente enfermo,
se vaya despidiendo a su manera.
— Los niños tienen la necesidad de modelos para crecer y afrontar las crisis de la vida. Los padres y los adultos se convierten en
modelos positivos en la medida en que saben compartir con naturalidad los estados de ánimo suscitados por el duelo y promueven
la participación de todos. No se debe propiciar una actitud frecuente pero incorrecta de endosar al niño o al joven excesivas
responsabilidades y expectativas, como por ejemplo: «Ahora que papá o mamá ya no están, debes ser tú el hombre o la mujer de la
casa».
— Lo más importante para conseguir una educación acerca de la muerte es que los adultos aprendamos a asumir este tema y a
superar nuestros propios temores, poniendo verdadero énfasis en el sentido de la vida y su belleza, buscando un significado personal
para la propia vida y la propia muerte. Todo ello ayudará sin duda a que el niño y el joven lleguen a tener una actitud más abierta e
integrada de la muerte.
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 y
14LA FAMILIA QUE HA PERDIDO UN HIJO MENOR
EL IMPACTO DE LA MUERTE DE UN HIJO
Nuestra sociedad, orientada a lo joven, lo bello, lo fuerte y la acción, tiende a negar la muerte y a infravalorar la incapacitación,
y de una manera más exagerada cuando se trata de niños y adolescentes en los que la enfermedad, y mucho más aún la posibilidad
de la muerte, está negada como fenómeno antinatural, como una auténtica inversión del cielo biológico normal.
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Por eso, cuando se produce la muerte de un niño o de un joven supone un duelo muy especial, y perder un hijo de cualquier
edad es una de las pérdidas más devastadoras que existen y su impacto persiste durante años.
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 El profesor F. Alonso-Fernández,
Catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, llega a afirmar que alrededor de un 20 % de los padres no logra
superarlo nunca pudiendo llegar en muchos casos a provocar la separación o el divorcio.
 «La muerte de un hijo es lo que más se parece a la propia muerte. Es el propio dolor que, de tan intenso, te hace despertar y darte
cuenta de que debes volver a vivir» (Rosa, Renacer 2000).
LOS SENTIMIENTOS PROVOCADOS
(Documento este apartado con expresiones y vivencias compartidas por los componentes del grupo de apoyo «Renacer», formado
en Barcelona y sus alrededores por padres que se reúnen para afrontar juntos la pérdida de sus hijos. Los testimonios los he tomado
de un amplio artículo en EL PAIS durante el pasado mes de julio, a propósito del accidente del autocar escolar en Soria en el que
murió un amplio número de adolescentes.)
— En un primer enfoque, el más general, la muerte de un niño o joven evoca la destrucción precoz de un proyecto de hombre,
que en él se gesta misteriosa y silenciosamente.
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 «A nadie se le pasó por la cabeza que mi hijo pudiera suicidarse. Después de buscar
incansablemente algún motivo para justificar su decisión, acabé asumiendo que había que respetarla. No le gustaba este mundo. Y
no se puede vivir con esa angustia» (Ulina)
— También se produce la vivencia de ruptura de una vida hermosa en sí misma, como una especie de injusticia divina de una
vida no realizada ni en su propio presente. Los niños que mueren apenas dejan más recuerdo de sí mismos que el de su muerte. Eso
es lo que indigna de la muerte de un niño: su no-historia. La imposibilidad de llenar con su vida una memoria.
— Al ver morir un hijo o ante un niño muerto, surge un movimiento emocional inconsciente, incomprensible, arrasante,
arquetípico: el deseo de fundirse y morir con él. Y se experimenta como una culpa cierta: la de seguir viviendo cuando muere un
pequeño. «No somos conscientes de que nuestros hijos no están garantizados de por vida. Su muerte rompe el sentido de la vida: de
ahí el gran dolor y desequilibrio que provoca su muerte» (Juan).
— La muerte de un niño o de un joven es, con frecuencia, súbita a causa de accidentes, lo que aumenta el cuestionamiento de
la competencia de los padres o los adultos, puesto que el rol parental es mantener al hijo seguro. Esto suele llevar consigo fuertes
sentimientos de culpa.
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 «No importa si tu hijo ha muerto por enfermedad, accidente o suicidio. Siempre te sientes culpable. Creemos
que somos los guardianes de nuestros hijos y cuando mueren sentimos que hemos fracasado como padres» (Juan).
— No es extraño que, después de la pérdida, haya un tiempo en que se descuide un tanto a los otros hijos. Posiblemente no se les
da la atención que necesitan porque sus cuidadores primarios están en un estado traumático y simplemente no pueden ofrecer ayuda.
De ahí la utilidad de las redes de apoyo como alivio de estas situaciones. «El tópico de las familias destrozadas nunca ofrece una
salida. Hay que superar la pérdida. La muerte de un hijo no debe convertirse en una lápida para toda la vida». (Patricio).
— Una de las posiciones más difíciles en que los padres ponen a sus hijos supervivientes es en la de sustitutos del hijo perdido.
Esto implica dotar al hijo superviviente de cualidades del fallecido, llegando incluso a que al próximo hijo se le ponga el mismo
nombre o parecido, o se trate rápidamente de gestar un nuevo sustituto.
— Elaborar la pérdida de un hijo se puede complicar todavía más cuando los padres están separados o divorciados. Se reúnen
en este momento de crisis y esto puede evocar fuertes emociones y comportamientos extremos, desde conductas empáticas y de
cuidado hasta una lucha extrema de poder y control, con mutuos reproches y culpabilizaciones. Pero en esta situación es imposible
conseguir el tipo de control que se desea realmente: recuperar la vida perdida de su hijo.
SUGERENCIAS PARA UN ACOMPAÑAMIENTO ADECUADO
En el tema del acompañamiento en el duelo, y mucho más aún si se trata de la muerte de un niño o un joven, la demanda más
persistente es la de cómo hemos de comportarnos, qué se ha de decir en estas situaciones, cómo acompañar el proceso. De entre
las muchas y variadas aportaciones que se han escrito prefiero ofrecer las que nos ofrece A. PANGRAZZI
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 en su obra dedicada
específicamente al tema del duelo, añadiendo algunas puntualizaciones que me parecen importantes.
— Familiarizarse con el proceso de duelo para acompañar al que sufre con un mayor equilibrio y serenidad, porque se conoce el
«mapa» del viaje y el objeto de la propia presencia.
— Evitar las frases hechas, porque los tópicos no ayudan al afectado; incluso pueden herirlo o desconcertarlo. Si realmente no
nos sale nada oportuno, lo mejor es el silencio o el contacto físico. «En realidad, la gente huye de ti, porque no saben qué decirte.
No están preparados para reaccionar más allá de la palmadita en la espalda» (Juani)— Acoger y provocar los desahogos. Más que psicofármacos el que está en duelo necesita la presencia y la escucha de amigos
o personas comprensivas. «Cuando murió mi hijo comprendí que no me iba a servir para nada la ayuda que yo he prestado como
psicóloga a otros padres en estas circunstancias» (Mai)
— Revalorizar los signos de presencia y cercanía, con distintas acciones y gestos de apoyo.
— Mantener los contactos, puesto que los afectados sienten más necesidad de apoyo y presencia cuando van pasando los días.
«El día del entierro, la gente se vuelca en ti. Pero después desaparece. Tú les recuerdas que la muerte existe. Y tienen miedo» (Rosa).
Y además el contacto puede mantenerse de distintas formas.
— Cultivar los recuerdos, permitiéndoles evocar los momentos positivos vividos junto a la persona desaparecida; pero también
se puede escuchar los aspectos negativos, para completar el sentimiento y la verdad total respecto a la persona ausente.
— Ayudar a elegir y tomar decisiones, ya que la persona en duelo se encuentra muy débil y a veces desinteresada y aún
desconcertada de la realidad durante algún tiempo. Nunca debe implicar el suplirle totalmente o anularle en lo que supone la vida
diaria. «Los primeros días no estás en este mundo. Es un estado de shock terrible del que tienes que ir saliendo como puedas»
(Carlos).
— Respetar la diversidad de reacciones, ya que el duelo es una experiencia universal, pero que cada uno la vive de un modo
extremadamente personal, por diversos caminos y con ritmo distinto.
— Ser símbolos de esperanza. Quién transmite calor infunde esperanza, y esta es la vivencia más importante para el que se
halla inmerso en el dolor por la pérdida de un hijo. Todo hilo de esperanza es un estímulo para mirar hacia delante. Si la persona es
creyente conviene acompañarle y remitirle al sentido de transcendencia y al ejercicio de sus prácticas piadosas habituales.
— Movilizar los recursos comunitarios, ya que el bienestar de una persona o familia en duelo debe implicar a todo el tejido
comunitario: amigos, vecinos, parroquia, equipo asistencial.
— Acompañarle a descubrir nuevos horizontes, nuevos motivos y relaciones, invitándole a que poco a poco vaya saliendo del
aislamiento y la pena ocupándose también de otros sentimientos y necesidades de los demás y de sus hijos. «Perder un hijo te hace
buscar un sentido a la vida y si no lo haces acabas hundido. No puedes dejar que el hijo perdido se convierta en el verdugo de tu
vida. Al contrario, debes hacerlo tu maestro, aunque sea difícil. El proceso no pasa por el olvido. El sufrimiento de su pérdida es una
mochila que debemos cargar toda la vida» (Carlos).
— Ayudarle a buscar la ayuda de un profesional especializado cuando intuimos que existe el riesgo de que el duelo pueda hacerse
patológico.
LOS BENEFICIOS DE BUENA ELABORACION DEL DUELO
Termino esta exposición recordando con W. WORDEN que las familias que afrontan la pérdida de un hijo de manera más
eficaz son aquellas que llegan a hacer comentarios abiertos sobre el fallecido, sin prohibir ni buscar excusas para que algunos de
sus miembros se queden callados. Las familias verdaderamente funcionales procesan sentimientos sobre la muerte incluyendo,
admitiendo y aceptando sentimientos de vulnerabilidad.
La lucha por recolocar emocionalmente al hijo/hermano perdido puede llevar a la familia a una autoconciencia importante y aun
casi seguro crecimiento y cohesión grupal, consecuencia de esta difícil experiencia.
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Una pérdida no elaborada puede dar paso, como factor de riesgo, a una verdadera patología de las relaciones familiares o
de algunos de sus miembros, que pueden aparecer al cabo de meses o años. Sin embargo, a pesar de que el proceso de duelo es
inevitable y comporta necesariamente dolor y sufrimiento, es a su vez portador de crecimiento, ya que un duelo adecuadamente
elaborado mejora las capacidades futuras para enfrentarse a situaciones de pérdida, frustración o sufrimiento, y puede ser un buen
revulsivo para vivir más plena y conscientemente la vida.
21
LABOR HOSPITALARIA Nº 258 (2000)
(Footnotes)
1
PANGRAZZI, ARNALDO. «La pérdida de un ser querido: un viaje dentro de la vida» Ed. Paulinas. Madrid, 1995.
2
 MARTIN RODRIGO, RAMON. «La capacidad sanante del duelo» Rev. Sal Terrae. Febrero 1997.
3
 DURKLIN, HELEN. «Tratamiento de la enfermedad, la muerte y la idea de morir en psicoterapia de grupo analítica». Rev.
Dynarnic Psychotherapy, 1986. Vol 2 (1)
4
 KLEIN, MELANIE. «El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos». Ed. Paidós-Hormé. Buenos Aires, 1983.
5
CABODEVILLA, J0SU. «Vivir y morir conscientemente ». Ed. Desclée de Brouwer. Bilbao, 1999.
6
WORDEN WILLIAM J. «El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia». Ed. Paidós. Barcelona, 1997.
7
COBO MEDINA, CARLOS. «El valor de vivir». Ediciones Libertarias. Madrid, 1999.
8
PANGRAZZI, o.c. 86.
9
COBO MEDINA, C. o.c. 187.
10
KELLY L., LOHNES M. A., y NER, KALTER, P. H. D.: «Grupos de intervención preventiva para niños afligidos por muerte parental.» Rev.
Arnerican Journal of Orthopsychiatry, 64 (4). Octubre, 1994.
11
LESHAN, E. «Learning to say goodbye. » MacMillan Public. New York, 1976.12
CROLLMAN, E. «Diálogo sobre la muerte entre padres e hijos», en «Sociología de la muerte». Ed. Sala. Madrid, 1984.
13
RODRIGUEZ FERNÁNDEZ, WISABEL. «Génesis y evolución de las actitudes ante la muerte en la infancia» Cuaderno de bioética. Vol. XI,
41. Enero-Marzo, 2000.
14
REDRADO JOSÉ LUIS. «El niño ante la muerte» Rev. Labor Hospitalaria, n.º 159. Barcelona, 1976.
15
GABALDON SABEL. I Jornadas Nacionales de Cuidados Paliativos en Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu. Barcelona, 1995.
16
BWOLBY JOHN. «La pérdida afectiva: tristeza y depresión» (Parte III: «El duelo en los niños».) Ed. Paidós. Barcelona, 1990.
17
COBO W. o. c., cap. 7.
18
WORDEN, W. o.c., cap. 7,
19
PANGRAZZI, A. o. c., cap. 9.
20
KÜBLER ROSS, ELISABETH. «Los niños y la muerte». Ed. Luciérnaga. Barcelona, 1993.
21
SÁNCHEZ BRAVO, JULIÁN. «Proceso/elaboración del duelo. Atención a la familia. Estudio a través de un caso clínico. En: «Cuidados
paliativos». Edic. de D.A.E. para PARADIGMA TEC, S.L.

miércoles 21 de diciembre de 2011

RESUMEN DEL AÑO QUE SE VA 2011



       Ante todo un deseo brindarles un cordial y gran saludo a todos lo que me siguen por esta vía u otras redes sociales por alguna razón lo más importante es darnos a conocer ya que lo que está sucediendo es cierto, nuestros (hij@s) jóvenes valores se nos están adelantando y ya sabemos por demás las principales causas de que esto suceda.

Esta humilde página está dedicada a ustedes Padres y Madres todos los que rodean el contexto familiar de ese hij@ que se fue al que extrañamos profundamente. Aquí encontraras las herramientas para que de forma primaria puedas tener una asistencia, claro está, nunca dejando de lado la atención médica, psicológica y las reuniones en grupos de Apoyo y Mutua Ayuda en donde lograrás dejar de lado todo aquello que les impide hablar y así poder decirles a otros Padres que los comprenderán perfectamente como se sienten, porque fuera (en donde la vida continua) la sociedad y el entorno muchas veces nos exige que debemos tener una compostura adecuada. Lo cual no es cierto ni debemos permitirlo.

Hasta la fecha VOLVER A VIVIR, grupo de apoyo ubicado en Valencia Edo Carabobo ha cumplido con todos sus objetivos y metas gracias primeramente a Dios, a la Junta Comunal de los Sauces por el apoyo que nos han dado brindando casi de forma gratuita, a mi hija Gabriela Moreno Martini, a mi Esposo Heber Verde Yunez, al psicólogo del Grupo Aarón Espinoza Álvarez, a mi amiga querida Mayela Carrillo de Gaerste (terapeuta emocional, presidenta de la ONG NO PERMITAS MALOS TRATOS y Defensora de los derechos humanos, representante de Amnistía Internacional Capitulo Carabobo y quien fue la que me guió y me dejó caminar a mi propio ritmo por ese devastador sendero del dolor y ha sido un ser incondicional a la hora de ir a dar una terapia o charla al Grupo. A los diversos Grupos de tesistas de la UAM, quienes poniendo en practica sus instrumentos sirvieron de Apoyo a nuestro Grupo. A todos los medios de comunicación que han creído en lo que hacemos. Gracias que Dios los bendiga a todos…
No quisiera que se me escapara ninguno pero mis disculpas si eso sucede.
Por otra parte deseo nombrar con mucho orgullo a varias madres y padres que se han recuperado y son los que en muchas ocasiones me sirven de testimonio cuando nos entrevistan en la  radio, prensa y televisión son ellos: Zenaida Sequera, Zunilde Rodriguez de Espinoza, Elia Torrealba, Antonieta de Castro, los esposos Atique, los esposos    Laurentin, Arturo Rodriguez y muchos más que han sido tratados únicamente por el grupo de apoyo, claro siempre hay excepciones. También deseo dar un reconocimiento especial a nuestro Papá Arturo Rodriguez y a todos los Padres y Madres ya recuperados por su colaboración aunque no constante como yo lo desearía pero si esporádica, llevando sus testimonios a los nuevos hermanos, también deseo nombrar una de la Madres más relevante del Grupo y la cual ha sido fuerza y pilar para muchos Papas para continuar Martha Roa, la cual perdió a sus tres hijos en el mismo accidente de tránsito hace 2 años y ha dado muestras de una recuperación digna de reconocimiento, ya que si para nosotros no ha sido fácil la pérdida de un hijo imagínensela a ella.
A todos mis más grandes reconocimientos y a seguir adelante el camino es fuerte, difícil pero no imposible. FELIZ AÑO 2012 y que Dios nos siga dando fortaleza y unidad para seguir adelante, lograr nuestros propósitos y llegar a la plena recuperación, no es imposible, YO LO LOGRÉ.
Con mucho Amor para todos Ustedes Yuraima Martini. Fundadora del Grupo de Apoyo Volver a Vivir 2007.
Para finalizar quiero resaltar la presencia de otros Grupos en el país, en Barquisimeto el GRUPO PADRES Y MADRES CON HIJOS EN EL CIELO y en Caracas Renacer Venezuela, muchos éxitos, los quiero mucho.

domingo 1 de mayo de 2011

VUELTA A LA VIDA...


“Las grandes ausencias
Dicen que el ser humano está preparado para superar cualquier dolor, cualquier perdida, menos la muerte de un hijo, la lógica indica que los hijos deben enterrar a sus padres, pero ¿Quien ha dicho que la lógica es perfecta y que  las cosas suelen suceder siempre de la misma manera?
 Desde muy niño Ernestico y yo fuimos compañeros inseparables, creció tan rápido que casi no me di cuenta, a mi lado, joven, fuerte, alegre, ocurrente, inteligente, amoroso y sano, se convirtió, como decía Elba, en mi mano derecha, mi compañero y asistente en casi todo lo que era mi mundo de actividad, era el natieco, por ello siempre pensé que entre todos mis hijos él representaba el apoyo más importante cuándo el atardecer de mi vida llegara, entonces contaría con su  mano, segura y fuerte en la cual me apoyaría para sostenerme lentamente y despedirme feliz pasados el  otoño e invierno de mi existencia, pero inesperadamente, en un abrir y cerrar de ojos sucedió lo contrario, al irse prematuramente cerró las puertas de la imaginación, me quedé sin motivos, desvalido, con la sensación de un final oscurecido, desconcertado, implorando fuerzas para subsistir.
Todas aquellas cosas que hacíamos juntos tuve que reprogramarlas y comenzar de nuevo y sin él, hecho demasiado doloroso, incomprensible y profundamente afectante, su ausencia me ha enseñado que el tiempo no es exacto ni perfecto, que el  hacer es hoy, que nadie sabe si el mañana será como lo piensa o lo desea, que la vida es una caja de sorpresas y que deberíamos estar preparados para asumirla. Como muy bien lo describe John Lennon “ la vida es lo que va a sucederte, no te empeñes en hacer otros planes”
La oscuridad de mi mundo sin su presencia solo obtiene sentido parafraseando a Nietzsche cuando expresa “el que tiene un por que vivir, siempre encuentra el cómo hacerlo”.Yo he decidido vivir con Ernestico en mi memoria, no para ocupar el tiempo en llorar su muerte sino para celebrar el maravilloso tiempo de su existencia, obtener fuerzas para sobreponerme y dar constantes gracias a Dios que  haya vivido.
Ernestico, aunque hoy no estás, tu mamá, Elba, tus hermanos, evocamos con ternura y mucho amor los pasajes tan hermosos que marcaron tu vida para sentirte eterno entre nosotros, ahora vives más cerca de mí que cuando físicamente me acompañabas en todo y cada vez me enorgullezco de lo que soñamos y compartimos, en la nostalgia aflora esa segunda piel que cubre a los padres luego de la pérdida definitiva de un hijo y con la letra del poema de Hernán Bianchi reflejo el espacio donde mantengo la relación con mi nuevo mundo a raíz de tu ausencia definitiva
 "Llevo en mi oscuridad un hombre secreto, cuando la muerte sepa de mí sacudiendo prontamente los efímeros pasos, nadie podría decir: lo conocí  enteramente. Nadie".   
A dos años de tu ausencia, solo Dios, tú y yo, sabemos y podemos entender las razones que nos mantienen unidos por la eternidad.  .Dios  te bendiga Ernestico, hasta siempre….., tu papá. Puerto Cumarebo 21 de diciembre de 2009
Padre de Ernestico, formó parte del Grupo de Mutua Ayuda VOLVER A VIVIR junto a su esposa Leida y compartimos en Puerto Cumarebo momentos inolvidables...Te quiero Faengo (VALENCIA-VENEZUELA)
TOMADO DEL BLOG: PARA DEVOLVER EL TIEMPO

CUANDO MUERE UN SER QUERIDO


CUANDO MUERE UN SER QUERIDO         

¿Se le ha muerto algún ser querido?
¿Todavía llora su pérdida?
¿Necesita ayuda para sobrellevar el dolor?

     Con el siguiente escrito, busco brindar una guía de ayuda para aquellas personas que no puedan acudir a un tratamiento psicológico por cualquier tipo de razón.
Estas respuestas consoladoras son tomadas de la Biblia.

Hay culturas en las que los individuos expresan sus sentimientos abiertamente. Los demás saben si se sienten contentos o tristes. Pero en otras partes del mundo, especialmente en el norte de Europa y en Gran Bretaña, se ha educado a la gente, sobre todo a los hombres, para que oculten sus sentimientos, para que repriman sus emociones y no se inmuten ante nada. No obstante. ¿Tiene algo malo expresar el dolor cuando se sufre la pérdida de un ser querido?
Cuando se pierde un ser querido, es normal sentirse afligido, y no tiene nada de malo exteriorizarlo. Pero,   ¿Cómo puedo sobre llevar el dolor?  ¿Es normal tener sentimientos de culpa y de ira?  ¿Cómo puedo dominarlos?  ¿Qué puede ayudarme a superar la pérdida y el pesar?
La mayoría de las personas que han perdido a un ser querido le dirán que cuando muere un hijo, el cónyuge, el padre, la madre o un amigo,  sienten que la muerte es verdaderamente “el último enemigo”.
¿Cómo reacciona la gente hoy en día?  ¿Le cuesta o le da vergüenza exteriorizar sus sentimientos? ¿Qué recomiendan los especialistas?
La opinión moderna, dice que debemos expresar el dolor en vez de reprimirlo. Por consiguiente, no es sensato aislarse de los demás. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que el duelo se expresa de diferentes formas según la cultura y las creencias religiosas predominantes.
¿Qué puede hacer si tienes ganas de llorar? Llorar es humano.  Creo sinceramente que se debe dejar a las personas dolientes que lloren. Aunque decir ‘no llores’ es una reacción natural de los demás, en realidad no ayuda en nada.
Personalmente  pasé por una serie de reacciones: aturdimientos, incredulidad, culpabilidad e indignación.
La ira puede ser otro síntoma de la aflicción. Puede descargarse sobre los médicos y enfermeras, por creer que no hicieron todo lo que pudieron por el difunto, o sobre amigos y familiares que aparentemente dicen o hacen cosas que no debieran. Algunos se enfadan con el fallecido por no haberse cuidado su salud o por no haber tenido la precaución correspondiente. Y a veces el enojo con el difunto se debe a las cargas que su muerte impone.
Hay quienes se sienten culpables por su indignación, es decir, que se condenan a sí mismos por estar enojados. Otros se culpan de la muerte de su ser querido. “No hubiera muerto---se dicen totalmente  convencidos de tal hecho---si yo le hubiera presionado para que fuera antes al médico” o “para que consultara a otro médico” o “para que se cuidara mejor” o “si no le hubiera prestado el carro” o “si yo, habría sido más flexible”
En el caso de otras personas, el sentimiento de culpabilidad es aun más extremo, sobre todo si el ser amado murió de manera repentina e inesperada. Empiezan a recordar las ocasiones en que se enfadaron con el fallecido o discutieron con él. O tal vez piensen que no se portaron todo lo bien que debían con él.
El largo proceso de la aflicción de muchas madres confirma la opinión de muchos entendidos según la cual la pérdida de un hijo deja un vacío imposible de llenar en los padres, particularmente en la madre y de ello puedo dar fe.
La pérdida del cónyuge constituye oro tipo de trauma, especialmente si ambos llevaban una vida muy activa juntos. Puede significar el fin de todo un estilo de vida en común, de viajes y de sus trabajo, entretenimiento e interdependencia.
Hay personas que pasan por una fase de insensibilidad; como si hubiera dejado de funcionar. Pierden el olfato, el gusto, sin llegar a perder el sentido de la lógica
Cómo aliviar la pena
Una forma de desahogarse es hablando. Por consiguiente, si habla de sus sentimientos con “un compañero verdadero” que le escuche paciente y comprensivamente, puede encontrar cierto alivio. Al expresar verbalmente las experiencias y los sentimientos, por lo general resulta más fácil comprenderlos y sobrellevarlos. Y si el oyente también perdió a alguien y se sobrepuso, posiblemente le dé unas cuantas sugerencias para que usted también lo consiga.
Otra cosa que puede ayudar a aliviar la pena es llorar. Según la Biblia, hay “un tiempo de llorar”. (Eclesiastés 3:1,4.) Y no cabe duda de que ese tiempo  llega cuando muere un ser querido. Parece que derramar lágrimas de dolor es parte esencial del proceso de recuperación.  

Compilado por: Arturo A. Rodriguez
Padre del Grupo de Apoyo y Mutua Ayuda VOLVER A VIVIR
Valencia- Venezuela

RELATO REFLEXIVO


     Continuando con mis relatos sobre la manera de enfrentar  el duelo por la muerte de un ser querido, y sin que esto sea una recomendación para nadie, paso a referirme sobre  los ejercicios que se  realizan en un libro que leí de Anthony de Mello, un sacerdote católico, denominado “Caminar sobre las Aguas”, sobre la aceptación y el apego,  y que se presentan de  la  manera siguiente:

Comenzaremos con la cadena de la aceptación:
“Señor, dame la gracia de cambiar lo que puede ser cambiado, aceptar lo que no puede serlo, y sabiduría para entender la diferencia.”
¡Hay tantas cosas en nuestras vidas que no pueden ser cambiadas! Somos impotentes, y si aprendemos a decir sí a esas cosas, llegaremos a la paz. La paz está en el sí.
Usted no puede detener el reloj, no puede evitar la muerte de una persona querida, no puede cambiar las limitaciones de su cuerpo, sus incapacidades.
Póngase, pues, frente a las cosas que no puede cambiar. Y diga sí. De esa forma, estará nombrando a Dios. Claro que es difícil. No se fuerce. Pero si pudiese decir si en el corazón, estaría diciendo si a la voluntad de Dios.
Perseverando en esta actitud, tendrá paz en las mismas cosas que está luchando para modificar.

La cadena siguiente es el Apego a las cosas presentes.
El corazón humano es un gran imán, y no es necesario decirlo a voces, porque todo ser humano lo experimenta.
Queremos poseer cosas, personas, y  no separarnos nunca de ellas: Nos volvemos dependientes y perdemos la libertad. Frecuentemente, no dejamos tampoco que las personas sean libres.

El autor sugiere el siguiente ejercicio para liberar nuestros corazones a ese tipo de apego:
Piense en esa  persona a la cual está profundamente apegado, tan apegado que no la quiere dejar. Hable con esa persona en el pensamiento, imagínela  sentada frente a usted, hable con ella. Hágalo amablemente. Dígale a esa persona lo que significa para usted y después agregue la siguiente frase, que al principio puede resultarle dolorosa, pero, como dije al comienzo, no se fuerce a sí mismo. Si es doloroso, déjelo para después, cuando sea capaz. Dígale a la persona:
“Que valioso eres para mí, como te quiero, pero tú  no  eres mi vida" Yo tengo la vida para vivir, un destino para cumplir, distinto del tuyo.”
Estas son palabras muy duras, pero la vida no siempre es fácil.
Tomado  y resumido para su lectura del libro Caminar sobre las Aguas de Anthony de Mello, editorial  LUMEN 1993.

Compilado por: Arturo A. Rodríguez R
Padre del grupo de Apoyo y Ayuda Mutua VOLVER A VIVIR (Valencia-Venezuela)

domingo 6 de marzo de 2011

Considerando que puedo Volver a Vivir

Considerando que puedo Volver a Vivir

Domingo, 06 de marzo de 2011 a las 6:22
Debemos considerar en darnos una oportunidad para Volver a Vivir, en ir aceptando lo que no está en nuestras manos cambiar, ya que de no ser así nos amargariamos por el resto de nuestras vidas, ir librandonos de culpas que solo nos mantienen mas hundidos y añaden dolor extra a nuestra existencia.
 Una excelente terapia es el perdón, perdonándonos a nosotros mismos por ser tan duros e inflexibles con nuestra vida y luego echar una mirada y atrevernos a perdonar a otr@s...No es fácil pero tampoco imposible y te va a permitir una mejor calidad de vida. Retomar el control de nuestras vidas es decirnos a nosotros mism@s cuanto honramos la memoria de nuestros hij@s, es sentirlos vivos por siempre en nuestros corazones, es decirle y hablarle al mundo de que no solo te amo porque te veo, sino también porque no te veo, sabes algo así como mágico que solo nosotros lo lograríamos entender, es saber que aunque estás ausente sigues presente para alentarme, darme fuerzas para continuar y reafirmar una vez mas que el amor nunca muere solo que en ocasiones se muda de casa.

Y por último recuerda que la mejor forma de sanar es dar a otros de aquello que tenemos y tal vez nos sobre pero que por temor a creer que no estoy preparado no lo hago, y sabes esa es otra de las terapias infalibles la mutua ayuda, tal vez ayude a otros pero siempre tú seras el mas beneficiado. Espero que esta pequeña reflexión te ayude, compártela.

Autor: Yuraima Martini

sábado 5 de febrero de 2011

RELATO DE UN PADRE QUE HA COMPARTIDO EN EL GRUPO DE AYUDA MUTUA "VOLVER A VIVIR"

                 EL DUELO POR LA MUERTE DE UN HIJO/A 

Hermanos en Duelo, reciban un profundo y sincero saludo.
Hoy, 14 de Julio de 2009, a un año y un mes de la muerte de nuestro hijo, es la llegada  de nuestro segundo nieto, en esta oportunidad, una niña  que lleva por nombre Antonella;  paradójicamente su  “bienvenida” se ve ligada a esa despedida repentina que tuvimos que darle a nuestro hijo menor, sentir y padecer que sólo pueden entenderlo, quienes atraviesan o sufrieron este tipo de pérdidas  invaluables para todo ser humano, como lo es, un HIJO.
He decidido escribir estas notas con la finalidad de expresar todos esos  sentimientos que padecemos   y sentimos  mi esposa y yo, durante el  proceso de duelo por la muerte de nuestro hijo Arturo Jesús  Rodríguez Malpica (14-06-1989-12-08-2008), y aprovechar la ocasión para extender nuestras palabras de agradecimiento  al grupo de apoyo “Volver a Vivir”, Ubicado en  Valencia Estado Carabobo VENEZUELA,  y con quienes hemos  compartido  uno de  los momentos más difíciles que nos ha tocado vivir  y  que gracias a ese apoyo solidario, hemos podido  aclarar, más que  entender,  tantas de las  dudas que florecieron en esos momentos tan aciagos de la  vida.
No existe cátedra en las escuelas, ni en las  universidades que nos preparen y formen para aceptar la muerte de un ser tan preciado, simplemente no estamos preparados para este momento, ni siquiera   pensamos que nos pudiera suceder  y se me viene a la memoria, de cuando asistía  a un velorio y  daba  aquel silencioso pero a la vez tajante  pésame exclamando ¡Te acompaño en tu dolor!, pero  realmente era ignorante de lo que verdaderamente esa persona podría estar sintiendo, mucho menos saber cuán profundo es este dolor , hasta  no vivirlo o sufrirlo en carne propia.
Es ley de vida que con el transcurrir de los años, demos el último adiós a nuestros padres, madres, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, tíos, tías, amigos, etc., pero cuando la neblina negra se lleva a un hijo(a), es la vida entera, la que se nos viene encima,  nadie, absolutamente nadie,  puede sentir más que los padres  este dolor  tan insondable que apuñala nuestro cerebro, corazón, conciencia, alma, espíritu, quebrantando nuestro mundo.  Sí, porque cómo nos cambia radicalmente nuestra vida cotidiana, transformando todo  en un pesar, en  una oscuridad profunda, un desgano por la vida, una incomprensión de lo sucedido, una  rabia, ira, impotencia, incredulidad, etc.
Para afrontar este duelo y los que indudablemente vendrán, tuve  que aceptar que como ser humano ya no estaba dentro de mis facultades poder hacer algo por la vida de nuestro hijo, ya todo estaba dicho y sentenciado, tuve que aceptar ante todo que ya no podía hacer nada por nuestro ser querido, ese que no tengo físicamente, pero que lo llevaré  eternamente dentro de mi pensamientos (aún cuando lo llamamos corazón).
 Mil veces me repetía que,  él estaba muerto y que no podía hacer nada para evitarlo y que aún cuando parezca un conformismo, me transcurría por la mente cuantos  otros miles de jóvenes se habían matado trágicamente y que no era el único padre que estaba pasando por esta situación.
Sin saberlo, tiempo más tarde,  esa actitud que yo inconscientemente estaba asumiendo, estaba en uno de los tantos libros que  leí, como lo es el de “El Tratamiento del duelo: asesoramiento Psicológico y terapia”, de la psicóloga  Yosimar  Chacin de Fernández,  quisiera hacer una pausa en este punto, pues es indispensable  tener mucho cuidado con las bibliografías, que escojamos para leer, porque algunos en vez de ayudarnos lo que hacen es profundizar nuestra crisis.
Durante las terapias, escuchábamos a los psicoterapeutas invitados, que nos hablaban  de las etapas por las cuales teníamos que pasar, pero fue a partir de cuando comencé a ser más activo dentro del grupo que comencé a sentir mejoría, cuando me provocaba comentar algo relacionado con el tema tratado y me dejaban participar, realizando el relato de cómo estaba enfrentado mi duelo, así fue como me comencé a ayudar a mí mismo, porque ya lo había vivido.
El participar en el grupo, no consiste  simplemente en ir a las reuniones,  y escuchar lo que dicen los psicoterapeutas, sino que debemos oír y tomar aquellos consejos  que nosotros creamos conveniente aplicar y  justo en el momento en que sentimos que lo hecho nos reconforta  estamos empezando, no a superar, sino  a aprender a convivir con esa pérdida y que  posiblemente nos preparará parcialmente para otras pérdidas que con seguridad nos esperan. Debemos tener en cuenta que estamos compartiendo con otras personas que también están pasando por este tipo de dolor, por lo tanto debemos ante todo, respetar el sentimiento de los demás, sin distingo religioso, racial, político y social; porque  en la mayoría de las veces escuchamos relatos de la vida personal del exponente de turno y de su entorno,  por lo que debemos mantener sobre todas las cosas, un alto grado de confidencialidad.
De igual manera, le digo que no van a encontrar la solución mágica y que por asistir a dos o tres reuniones, están sanados  o han superado el duelo, no esto no es tan fácil ni teóricamente como físicamente, para superar un duelo, pienso que existen dos puntos fundamentales que debemos enfrentar, sobretodo en ese primer mes, como lo es el apego físico hacia la persona que se fue físicamente y esa rabia interna indomable que nos cobija, porque dependiendo del tipo de muerte sufrida, esta variará en intensidad.
Que les puedo decir, que el pertenecer y participar en el Grupo Volver a Vivir ayuda, Sí ayuda, porque vamos a recibir a una guía de las situaciones que debemos enfrentar, y esto nos puede ayudar a entender un poco más rápido los síntomas que se nos presentan,  preparándonos  de esta manera a superar el duelo  y no  pensar  que nos estamos volviendo locos.