martes, 30 de junio de 2009

SUGERENCIAS PARA APOYAR A FAMILIARES Y AMIGOS EN SITUACIÓN DE DUELO.

DECÁLOGO DEL ACOMPAÑANTE DE DUELO

Para aquellos que quieren acompañar y ayudar a otros que han perdido seres queridos

1. Leeré, investigaré y me informaré de todo lo relacionado con el duelo, la aflicción y el luto. De esta forma mi ayuda será más efectiva.



2. Permitiré y animaré a la persona que recibe mi apoyo a que exprese los sentimientos de dolor y tristeza por la pérdida del ser amado, sin salir huyendo ante la expresión de los mismos.



3. Procuraré de que mis oídos estén siempre atentos para escuchar el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración, la soledad y todos los otros sentimientos que acompañan a la aflicción.



4. Prestaré, indefinidamente y mientras sea necesario, mis hombros, mis brazos y mi pecho como consuelo para sostener la afligida existencia de mi hermano adolorido y abatido por su pérdida.



5. No esperaré a que la persona a la que apoyo(el deudo) busque ayuda, tomaré siempre la iniciativa visitándolo, llamándolo y poniendome a la orden con sinceridad.



6. Contribuiré en todo lo que esté a mi alcance a que el apoyo y la comunicación sea efectiva por parte de la familia y que estos sean los instrumentos más efectivos que faciliten la recuperación por la pérdida del ser amado.



7. Respetaré las diferencias individuales en la expresión del dolor y en la recuperación del mismo, sabiendo y entendiendo que cada duelo es único y cada quien va a su ritmo.



8. Estaré atento a la presencia de reacciones anormales o distorsionadas del duelo y así poder informar al familiar mas cercano acerca de la ese tipo de conducta.



9. Animaré la realización de todas las actividades necesarias para la promoción, mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades durante el duelo, incluyendo la asistencia a los grupos de apoyo.



10. Una vez alcanzada la recuperación, animaré y colaboraré en el establecimiento de grupos de auto-ayuda en mi comunidad y de esta manera aportar toda la experiencia vivida durante el acompañamiento realizado.

Fuente:
http://montedeoya.homestead.com/decalogo.html

Elaborado y adaptado por Yuraima Martini para el Grupo Volver a Vivir. Grupo de apoyo y mutua ayuda para Padres y Madres en situación de Duelo.

domingo, 21 de junio de 2009

YO PERDÍ A MI HIJO...ENTREVISTA DE LA REVISTA PERÉNTESIS.

Diario El Carabobeño / Revista Paréntesis
Edición del Domingo 21 de Junio de 2009






Yo perdí a mi hijo


Mariana Oviedo Rangel

moviedo@el-carabobeno.com

Zunilde Rodríguez de Espinoza, contador público, tiene dos hijas y aunque su único varón murió como consecuencia de una enfermedad para ella sigue estando presente en su vida. “Tengo tres hijos, y digo esto porque aunque mi hijo se haya muerto sigue vivo en mi corazón. Fue el único varón que me dio Dios; nació con hidrocefalia, logró crecer sanamente y era muy inteligente. Desde los 13 años empezó a sufrir de problemas renales, los cuales fueron controlados con tratamiento. Estudió hasta el cuarto semestre de Administración de Empresas. Era un muchacho muy especial, anhelaba graduarse y trabajar, pero el destino le tenía preparado otra cosa.

Un año antes de su muerte le diagnosticaron insuficiencia renal grado cinco, y el último mes de diálisis convulsionó y le dio una neumonía, muriendo dos días después, el 16 de agosto del año 2007 con apenas 20 años de edad. Para mí ese momento fue el peor que he tenido en la vida.

La pérdida de un hijo es totalmente devastadora, es como si nos quitaran un pedacito de nuestro ser. La muerte de una madre es dolorosa, pero para mí la muerte de un hijo es lo más grande. Yo me enfermé de los nervios, visité al psiquiatra, tomaba psicotrópicos y antidepresivos. Ni siquiera salía a la calle, ni asistía a reuniones, sentía que mi vida no tenía sentido, pero gracias a Dios y a las terapias en la Asociación “Volver a Vivir” salí adelante, y siento que superé el duelo. Asistí a la asociación casi a los dos meses de la pérdida, porque una amiga de mi esposo me recomendó la institución. El aliento que te dan es grandísimo. Te ofrecen herramientas para que las apliques y puedas superar el duelo”.

Todas las personas experimentan el duelo en algún momento, como parte de mismo ciclo evolutivo de la vida, y dependiendo del grado de afinidad que se haya tenido con ese individuo afectará considerablemente a algunos sujetos más que a otros.

Cuando se muere un hijo se muere un sueño. Es un sentimiento único, doloroso e indescriptible por el que muchos padres atraviesan, el cual perdurará por siempre, como el mismo hecho de haber dado vida a ese ser. Pero se debe tener presente que ese evento no debe apoderarse para siempre.

Es ley que los hijos entierren a los padres. Cuando ocurre lo contrario impacta más. Muchas veces los progenitores no saben adónde ir, qué hacer, cómo vivir ese momento que marcará el comienzo de otra etapa y no exageran al decir que “no saben qué hacer con sus vidas”; agobiándose en los remordimientos y culpas, afectando esta situación al resto de la familia.

Yuraima Martini, es la directora de la Asociación Civil “Volver a Vivir”, una institución sin fines de lucro que se encarga de incentivar a padres que han perdido físicamente a sus hijos, comenta en base a su propia experiencia que la muerte de un hijo no se supera, “uno se recupera, se ordenan los pensamientos; nos volvemos a centrar en las cosas que queremos hacer en honor a esa persona”.

Es comprometedor determinar a exactitud el tiempo que tomará recuperarse de esa muerte y más cuando en algunos casos dicha muerte la originó otra persona por imprudencia, efectos del alcohol o algunas sustancias estupefacientes -en el caso de los accidentes de tránsito o hampa común-.

El duelo es la reacción emocional, física y espiritual en respuesta a la muerte o una pérdida y las personas pueden experimentar cambios como emociones fuertes, tristeza, ira, decepción, o por el contrario, falta de sueño o náuseas, entre otras. Esto se debe a la misma sociedad que no plantea la muerte como un hecho normal de la vida.

Se considera como un duelo apropiado el que una persona en el lapso de un año se haya enfrentado al dolor, organizado su vida y redefinir lo que va hacer. Eso es en una muerte de padres, cónyuge o familiar cercano.

“Con los hijos es mucho más complicado y a veces las personas no tienen conciencia de que el duelo es un proceso que tiene sus etapas”, dice Aarón Espinoza, psicólogo clínico y colaborador de dicha asociación.

Existen tres tipos de duelo: normal, complicado y traumático. En muchas familias ocurre que la persona doliente -madre o padre- es considerada un estorbo y no por el hecho de que pueda estar triste, sino porque no pueden realizar celebraciones y compartir. “Es ahí donde muchas veces llevan a la persona al especialista para que la mediquen y así pueda ‘superar la pérdida’, pero en realidad no es con ese fin, sino porque les molesta el no poder celebrar”, sostiene Espinoza.

Igualmente el experto le hace un llamado a los cuerpos de Patología Forense para que haya una inducción al personal para que así exista un acercamiento más sano al momento de darle la noticia a la familia de que un pariente ha muerto.

“En el sector público la manera como se enteran los ciudadanos y el buscar el cuerpo es parte del proceso del que deben curarse. En la parte privada, las clínicas tienen un convenio con la Unidad de Psicotrauma para ofrecerle de una manera menos dolorosa la información”.

No está físicamente, pero vive en mi corazón

Aunque pasen los años el recuerdo siempre estará, se debe tener presente que más allá de la ausencia física de esa persona, el espíritu siempre vivirá en nuestro corazón, y que cuando se logre aceptar esa pérdida obtendremos una mejor calidad de vida.

Martini destaca que existen momentos en el que habrán bajones así haya pasado el tiempo, incluso años, porque “en nuestra cultura no se maneja la muerte, sino que es observado como algo cruel, e indiscutiblemente no estamos educados para enterrar a un hijo”.

Llama la atención el número significativo de adolescentes y jóvenes en edades comprendidas entre 15 y 25 años que mueren semanalmente como consecuencia del hampa y accidentes de tránsito, esto según datos aportados por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre . Será dentro de unas décadas cuando se observe el problema, porque se está mermando esta generación.

Llorar es la mejor terapia

Los expertos aseguran que la mejor terapia para drenar todos aquellos sentimientos y emociones es el llanto, inclusive para el duelo.

Yuraima Martini asegura que las personas que lloran son las que más rápido se recuperan. “El que más fuerte se hace al término de unos seis meses comienza a retroceder, como si la muerte haya sido ayer”.

Es por eso que a continuación se presentan las tareas para superar el duelo:

* Aceptación: Se debe reconocer que esa persona no está, se fue; para eso existen muchas maneras. “Se va al cementerio, o donde se esparcieron las cenizas, se habla con el médico en el caso de que haya muerto como consecuencia de una enfermedad, es decir, se confronta con la realidad. Es doloroso pero eso te dará la certificación de que fue así, recordemos que sufriendo se sana”, enfatiza Martini. Hay que destacar que mientras se quiera evitar el dolor no se avanzará en el duelo. Psiquiátricamente se está recomendando que las personas vean el cuerpo muerto para que ayuden a la mente a tener un referencial de cuando cesó la vida esa persona, para así evitar que fantasee de que está vivo. “Es muy difícil mirar la urna y ver a tu hijo ahí, pero es la única manera de avanzar”.

* Expresar las emociones: La persona que no acepta, tomará otra actitud diferente con la vida; de repente no llora porque no acepta la muerte y va creando frustración. Pero las que sí aceptan comienzan a expresar lo que sienten: “rabia con Dios, conmigo mismo porque no le di el amor suficiente, porque si yo hubiese sabido lo hubiera amado más, le hubiera comprado el carro, la computadora, me siento culpable porque no lo llevé a una clínica privada, entre otros aspectos, y eso es muy importante”, aclara Yuraima Martini.

* Ajustarnos a la realidad: en esta etapa se debe acoplar la rutina con la ausencia de esa persona. “Si el hoy difunto sacaba la basura todos los días nosotros creamos esa resistencia porque es quitarle las bases a él. La persona tiene que arreglarse con todas las tareas de seguir viviendo sin que sienta culpa porque eso hay que hacerlo”.

* Reconciliarnos con la vida: en esta última etapa es fundamental plantearse un propósito de vida, de qué se hará de ahora en adelante, y cómo voy a manejar mi

vida. “Yo particularmente elaboro metas diariamente, claro sin olvidar las metas a futuro, pero el futuro es incierto, no se sabe si vendrá y el pasado ya pasó y ya no hay nada que hacer, lo mejor es vivir el día a día, pero reconciliados con la vida y con las demás personas”, concluye Martini.

Asociación Civil “Volver a Vivir”

Es una asociación sin fines de lucro, creada en el año 2006 como una iniciativa de Yuraima Martín, su directora, luego que perdiera trágicamente en un accidente de tránsito a su hijo y a su nieto. Observó que hacía falta centros especiales para personas que atraviesan por esa misma circunstancia. Funciona en la urbanización Los Sauces, en la sede de la Asociación de Vecinos.

En el grupo encontrará personas que están atravesando o superaron ese mismo dolor, y todos con un mismo objetivo: comprometidos con la vida y claros en su realidad.

“Ese apoyo de compartir con personas que entienden tu mismo dolor, la naturaleza de tu tristeza y tu pérdida es algo que no tiene precio y que no se detiene después de que vayas al especialista, porque te asesora, hace una empatía contigo y te comprende, pero él no ha vivido tu situación, eso le da como un compartir, un mismo idioma, entender las experiencias, comprender ese sinsabor, esa amargura, y es como una fortaleza de algo que es más grande que ellos. Y muchas veces les da esa posibilidad de pararse, de sentir que es superable”, sostiene Aarón Espinoza. Las terapias o convivencias para los padres se realizan el primer domingo de cada mes, y para familiares (hermanos, primos, abuelos) el tercero. En la actualidad se necesita la colaboración de profesionales especializados en psicología que quieran compartir esta experiencia y ayudar a las personas a salir de ese dolor.

sábado, 20 de junio de 2009

DE DUELO Y PÉRDIDAS...

“Toda pérdida amerita un duelo. La Pérdida es un quebrantamiento de lo esperado, de lo soñado, de lo planeado, de mi futuro”.
Mayela Carrillo de Gaerste


"El Duelo es el proceso de despedirse del dolor y la tristeza causada por una perdida, sea física, emocional, social, material o de cualquier índole, donde me desprendo de su significado para sencillamente volver a vivir.Una pérdida es la separación, el distanciamiento de algo que a uno -de alguna manera- lo constituye. Uno pierde lo que es propio, lo que a uno lo conforma. Toda pérdida implica un espacio, un lugar, que queda en ausencia. Cuando ocurre la pérdida se presentan un conjunto de reacciones de tipo físico, emocionales, psicológicas, sociales (entre otras) que a su vez implica un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación.
Es a través del duelo que me despido de la tristeza que me acompaña desde que perdí lo que amaba y que ahora me doy cuenta que necesito.

Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.
Hemos utilizado mucho tiempo en querer entender lo que ha ocurrido, porqué paso?, como fué que me paso a mi?... y en este momento lo mas importante es que hacemos ahora que ya lo amado no está. Es resolver mi necesidad de compañía, es responder a una pregunta que no sabemos contestar: ¿Qué hago ahora sin tí? Y es el duelo lo que nos llevara a disfrutar lo único que en realidad poseo, mi presente.
Solo cuando somos capaces de recordar lo pérdido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin el o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos, es que estamos en presencia del duelo resuelto. Cuando lloramos ante una pérdida, en realidad estamos llorando por la pérdida y por nosotros porque ya no se que hacer sin lo que perdí.

Por ello toda pérdida implica la necesidad de una elaboración tendiente a recomponer en alguna medida este espacio que ha quedado vacío. Una elaboración que le permita retomar la energía que dedicaba al objeto perdido, para poder dedicarlo a otra cosa.
La pérdida constituye un daño y es también lo que puede motorizar la búsqueda de nuevas relaciones, de crecimiento, de incorporación de cosas, de ampliación de eso que a uno lo constituye. Dependiendo de nuestra primera experiencia de pérdida, de desprendimiento, dependerá en el presente nuestra manera de enfrentar nuestra frustración ante lo perdido.

Cuando una persona se detiene ante la pérdida, como si quisiera devolver el tiempo, en realidad esta deteniendo todo su presente, y no se esta permitiendo vivir el dolor.
Si ud. está teniendo problemas para responder a las pérdidas y está constituyendo un obstáculo para que ud. se desenvuelva, es bueno recurrir a otros que puedan realizar un aporte. Busque ayuda, hay otro que le necesita y están sufriendo por verle así."

Copiado textualmente a esta página por Yuraima Martini para "Volver a Vivir" Grupo de Apoyo y Mutua Ayuda para Padres y Madres que han sufrido la pérdida de un hijo/a o cualquier tipo de pérdida significante.

Mayela Carrillo de Gaerste
Email: mayelagaerste@gmail.com
Valencia - Venezuela

domingo, 7 de junio de 2009

ENTREVISTA REALIZADA POR EL DIARIO NOTITARDE


CONFABULARIO DEL DIARIO
NOTITARDE.

ENTREVISTA REALIZADA POR LA LIC. MARISOL PRADAS.





Yuraima Martini, del grupo de apoyo Volver a Vivir

Hay que ser artífices de nuestra mente
Foto: Lisandro Barazarte.



Yuraima Martini es odontólogo, profesión que ejerce desde hace 26 años, a la par de ofrecer cursos a través de un grupo de apoyo y mutua ayuda para padres y madres que han sufrido la muerte de un hijo o hija.

Ella misma, años atrás, vivió el doloroso momento de hallarse frente a su hijo y su nieto, muertos, en un accidente de tránsito.

- La muerte de un hijo o hija puede llegar a calificarse como el dolor más terrible y devastador del ser humano. Se experimentan sentimientos y emociones mezcladas; muchas veces, contradictorias. Muchos padres quedan paralizados, como anestesiados. Otros, expresan su dolor con arrebatos emocionales de gran intensidad.

¿Cómo nace esa necesidad de compartir experiencias para ayudar a las demás personas?

Hago todo esto porque viví la experiencia, y mi deseo es compartir con todos los hombres y mujeres que han sufrido la pérdida de un descendiente que sí se puede. Es difícil, pero sí se puede salir de ese oscuro túnel.

Mi hijo Jesús Gabriel representaba una parte importante en mi vida, porque quizás estuve mucho tiempo sola, después de divorciarme, me dio muchas satisfacciones más allá de las dificultades. La llegada de mi nieto también representó mucho para mí y su decisión de irse a vivir definitivamente a Guanarito, estado Portuguesa, para progresar como pareja y como padre tuvo el fatal desenlace.

¿Cómo hizo en esa primera etapa de duelo?

Los duelos hay que elaborarlos. Es fácil decir que hay que vivirlos y finiquitarlos. El duelo es una despedida. Le tienes que decir "adiós" a algo, a una pérdida. No necesariamente a una muerte. Pérdida es todo, un esposo que se te va de tu lado; si pierdes un trabajo y tienes 60 años, ello puede ser una pérdida tan dolorosa como la muerte de un hijo.

Lo que pasa es que la ausencia física de una persona causa mucha extrañeza. Y el ver todos los días a alguien te hace pensar que siempre los vas a ver. Cuando hay la ausencia física es cuando viene aquel derrumbe de tu mente; de todo tu esquema, de toda tu parte humana. Eso es lo que hay que trabajar.

La Organización Mundial de Salud explica, y no hay que ser muy experto para saber, que la muerte de un hijo es la situación más devastadora que puede vivir un ser humano.

¿Cómo salió usted de ese estado depresivo que vivió?

Primeramente confiando en Dios. Dentro de mí me planteé recuperarme y se me metió en la mente que mi recuperación iba a ser de beneficio para otros. Esa fue la manera de recuperarme. Fue algo que tomé de lo externo para traerlo a lo interno. Una vez que internalizo todo, supe que no podía ser útil así como estaba. Allí comencé a hacer estudios sobre el duelo; para atender situaciones de crisis. Fui a Panamá, me preparé en la Fundación Piero Martínez de la Hoz. Escuchando en los seminarios todo lo que informaban supe que debía buscar ayuda más profunda. Estuve en tratamiento psiquiátrico durante ocho meses. Poco a poco fui saliendo y le pedí al doctor que me eliminara las pastillas porque iba a formar un grupo de apoyo. Hubiese sido poco honesto de mi parte hacerlo bajo la influencia del tratamiento. Abrí entonces el Grupo Volver a Vivir 2007 y he tenido muy buen receptividad de los medios, sobre todo de Notitarde, porque una de sus trabajadoras , Elia Torrealba, mujer de muy buen corazón, digna de ser entrevistada, ha podido sobrellevar la pérdida de un hijo, asistiendo a nuestras reuniones semanales.

¿Cuánto tiempo lleva con este grupo y dónde se reúnen?

Tres años. Antes, cuando comencé, hice una especie de noviciado, me trasladaba a diferentes partes. Ello me causó mucho agotamiento físico, pero a través de una publicación, una señora me ofreció los espacios de la Asociación de vecinos de la urbanización Los Sauces. Estamos allí y hasta hace unos meses no tuvimos que pagar nada. Ahora damos una colaboración para poder contribuir con gastos de mantenimiento. Es un lugar muy accesible que permite una fácil ubicación a través de la avenida Bolívar, asisten muchas personas, en su mayoría, de escasos recursos económicos, que necesitan un espacio donde no los critiquen ni los juzguen. Otras personas que van, muy estudiadas, también son bien recibidas porque aportan con sus conocimientos.

¿Una persona puede reconocer que tiene estado depresivo?

Es muy difícil. Generalmente lo hace otro. Aunque no soy psiquiatra, puedo decir que si una persona lleva dos semanas pensando en una misma cosa, sin apetito; hay que pensar que está comenzando un estado depresivo, si ha pasado por un momento de crisis. Ahora, hay depresiones que no tienen causa. Son las más tremendas. Son personas que tienen condición física para que ello suceda.

¿Cómo se siente usted en estos momentos, una vez superada la crisis?

Voy a aclarar algo: para mí la muerte de un hijo no se supera. Uno, constantemente, tiene que ir ayudándose; haciendo un propósito de vida; tomando nuevas ayudas y buscando la manera de apoyar a otras personas, para que no invadan esos recuerdos tristes que van a llegar. Uno tiene que aprender a ser artífice de su mente, un arquitecto de su mente o un artista para ir transformando todos esos pensamientos negativos en cosas positivas. Si me llega un pensamiento con la imagen del hijo, de la forma cómo murió, mucho más si fue en forma violenta, cosa que sucede muchísimo, tenemos que aprender a transformarlo.

A una madre que vio a su hijo muerto en una acera, producto de la delincuencia, le es recurrente el recuerdo de ese momento de cómo vio a su hijo, por última vez. En esos casos hay que trabajar con unas técnicas que permiten ir sanando ese momento. A través de los pensamientos es que manifestamos lo que somos.

Su rostro refleja liviandad... imagino que otro muy distinto tenía usted cuando estaba sumergida en el dolor de la pérdida...

Hace cinco años atrás estaba enloquecida. No sabía si estaba viva o muerta. Es muy difícil...

Inclusive su físico hablaba de eso...

Sí, por supuesto. No me pintaba el cabello; me envejecí. No quería trabajar. No le encontraba sentido a mi vida.

Teniendo otra hija...

Pero en esos momentos... puedes tener diez... que ninguno va a llenar tus satisfacciones. Ninguno va a sustituir la pérdida del otro. Sólo con el hecho de estar vivo te da tranquilidad.

Contacto: 0416-511.11.36/ 0414-439.26.88; correo electrónico: volveravivir2007@gmail.com; www.volveravivir2007.blogspot.com.