domingo 1 de mayo de 2011

RELATO REFLEXIVO


     Continuando con mis relatos sobre la manera de enfrentar  el duelo por la muerte de un ser querido, y sin que esto sea una recomendación para nadie, paso a referirme sobre  los ejercicios que se  realizan en un libro que leí de Anthony de Mello, un sacerdote católico, denominado “Caminar sobre las Aguas”, sobre la aceptación y el apego,  y que se presentan de  la  manera siguiente:

Comenzaremos con la cadena de la aceptación:
“Señor, dame la gracia de cambiar lo que puede ser cambiado, aceptar lo que no puede serlo, y sabiduría para entender la diferencia.”
¡Hay tantas cosas en nuestras vidas que no pueden ser cambiadas! Somos impotentes, y si aprendemos a decir sí a esas cosas, llegaremos a la paz. La paz está en el sí.
Usted no puede detener el reloj, no puede evitar la muerte de una persona querida, no puede cambiar las limitaciones de su cuerpo, sus incapacidades.
Póngase, pues, frente a las cosas que no puede cambiar. Y diga sí. De esa forma, estará nombrando a Dios. Claro que es difícil. No se fuerce. Pero si pudiese decir si en el corazón, estaría diciendo si a la voluntad de Dios.
Perseverando en esta actitud, tendrá paz en las mismas cosas que está luchando para modificar.

La cadena siguiente es el Apego a las cosas presentes.
El corazón humano es un gran imán, y no es necesario decirlo a voces, porque todo ser humano lo experimenta.
Queremos poseer cosas, personas, y  no separarnos nunca de ellas: Nos volvemos dependientes y perdemos la libertad. Frecuentemente, no dejamos tampoco que las personas sean libres.

El autor sugiere el siguiente ejercicio para liberar nuestros corazones a ese tipo de apego:
Piense en esa  persona a la cual está profundamente apegado, tan apegado que no la quiere dejar. Hable con esa persona en el pensamiento, imagínela  sentada frente a usted, hable con ella. Hágalo amablemente. Dígale a esa persona lo que significa para usted y después agregue la siguiente frase, que al principio puede resultarle dolorosa, pero, como dije al comienzo, no se fuerce a sí mismo. Si es doloroso, déjelo para después, cuando sea capaz. Dígale a la persona:
“Que valioso eres para mí, como te quiero, pero tú  no  eres mi vida" Yo tengo la vida para vivir, un destino para cumplir, distinto del tuyo.”
Estas son palabras muy duras, pero la vida no siempre es fácil.
Tomado  y resumido para su lectura del libro Caminar sobre las Aguas de Anthony de Mello, editorial  LUMEN 1993.

Compilado por: Arturo A. Rodríguez R
Padre del grupo de Apoyo y Ayuda Mutua VOLVER A VIVIR (Valencia-Venezuela)