sábado, 5 de febrero de 2011

RELATO DE UN PADRE QUE HA COMPARTIDO EN EL GRUPO DE AYUDA MUTUA "VOLVER A VIVIR"

                 EL DUELO POR LA MUERTE DE UN HIJO/A 

Hermanos en Duelo, reciban un profundo y sincero saludo.
Hoy, 14 de Julio de 2009, a un año y un mes de la muerte de nuestro hijo, es la llegada  de nuestro segundo nieto, en esta oportunidad, una niña  que lleva por nombre Antonella;  paradójicamente su  “bienvenida” se ve ligada a esa despedida repentina que tuvimos que darle a nuestro hijo menor, sentir y padecer que sólo pueden entenderlo, quienes atraviesan o sufrieron este tipo de pérdidas  invaluables para todo ser humano, como lo es, un HIJO.
He decidido escribir estas notas con la finalidad de expresar todos esos  sentimientos que padecemos   y sentimos  mi esposa y yo, durante el  proceso de duelo por la muerte de nuestro hijo Arturo Jesús  Rodríguez Malpica (14-06-1989-12-08-2008), y aprovechar la ocasión para extender nuestras palabras de agradecimiento  al grupo de apoyo “Volver a Vivir”, Ubicado en  Valencia Estado Carabobo VENEZUELA,  y con quienes hemos  compartido  uno de  los momentos más difíciles que nos ha tocado vivir  y  que gracias a ese apoyo solidario, hemos podido  aclarar, más que  entender,  tantas de las  dudas que florecieron en esos momentos tan aciagos de la  vida.
No existe cátedra en las escuelas, ni en las  universidades que nos preparen y formen para aceptar la muerte de un ser tan preciado, simplemente no estamos preparados para este momento, ni siquiera   pensamos que nos pudiera suceder  y se me viene a la memoria, de cuando asistía  a un velorio y  daba  aquel silencioso pero a la vez tajante  pésame exclamando ¡Te acompaño en tu dolor!, pero  realmente era ignorante de lo que verdaderamente esa persona podría estar sintiendo, mucho menos saber cuán profundo es este dolor , hasta  no vivirlo o sufrirlo en carne propia.
Es ley de vida que con el transcurrir de los años, demos el último adiós a nuestros padres, madres, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, tíos, tías, amigos, etc., pero cuando la neblina negra se lleva a un hijo(a), es la vida entera, la que se nos viene encima,  nadie, absolutamente nadie,  puede sentir más que los padres  este dolor  tan insondable que apuñala nuestro cerebro, corazón, conciencia, alma, espíritu, quebrantando nuestro mundo.  Sí, porque cómo nos cambia radicalmente nuestra vida cotidiana, transformando todo  en un pesar, en  una oscuridad profunda, un desgano por la vida, una incomprensión de lo sucedido, una  rabia, ira, impotencia, incredulidad, etc.
Para afrontar este duelo y los que indudablemente vendrán, tuve  que aceptar que como ser humano ya no estaba dentro de mis facultades poder hacer algo por la vida de nuestro hijo, ya todo estaba dicho y sentenciado, tuve que aceptar ante todo que ya no podía hacer nada por nuestro ser querido, ese que no tengo físicamente, pero que lo llevaré  eternamente dentro de mi pensamientos (aún cuando lo llamamos corazón).
 Mil veces me repetía que,  él estaba muerto y que no podía hacer nada para evitarlo y que aún cuando parezca un conformismo, me transcurría por la mente cuantos  otros miles de jóvenes se habían matado trágicamente y que no era el único padre que estaba pasando por esta situación.
Sin saberlo, tiempo más tarde,  esa actitud que yo inconscientemente estaba asumiendo, estaba en uno de los tantos libros que  leí, como lo es el de “El Tratamiento del duelo: asesoramiento Psicológico y terapia”, de la psicóloga  Yosimar  Chacin de Fernández,  quisiera hacer una pausa en este punto, pues es indispensable  tener mucho cuidado con las bibliografías, que escojamos para leer, porque algunos en vez de ayudarnos lo que hacen es profundizar nuestra crisis.
Durante las terapias, escuchábamos a los psicoterapeutas invitados, que nos hablaban  de las etapas por las cuales teníamos que pasar, pero fue a partir de cuando comencé a ser más activo dentro del grupo que comencé a sentir mejoría, cuando me provocaba comentar algo relacionado con el tema tratado y me dejaban participar, realizando el relato de cómo estaba enfrentado mi duelo, así fue como me comencé a ayudar a mí mismo, porque ya lo había vivido.
El participar en el grupo, no consiste  simplemente en ir a las reuniones,  y escuchar lo que dicen los psicoterapeutas, sino que debemos oír y tomar aquellos consejos  que nosotros creamos conveniente aplicar y  justo en el momento en que sentimos que lo hecho nos reconforta  estamos empezando, no a superar, sino  a aprender a convivir con esa pérdida y que  posiblemente nos preparará parcialmente para otras pérdidas que con seguridad nos esperan. Debemos tener en cuenta que estamos compartiendo con otras personas que también están pasando por este tipo de dolor, por lo tanto debemos ante todo, respetar el sentimiento de los demás, sin distingo religioso, racial, político y social; porque  en la mayoría de las veces escuchamos relatos de la vida personal del exponente de turno y de su entorno,  por lo que debemos mantener sobre todas las cosas, un alto grado de confidencialidad.
De igual manera, le digo que no van a encontrar la solución mágica y que por asistir a dos o tres reuniones, están sanados  o han superado el duelo, no esto no es tan fácil ni teóricamente como físicamente, para superar un duelo, pienso que existen dos puntos fundamentales que debemos enfrentar, sobretodo en ese primer mes, como lo es el apego físico hacia la persona que se fue físicamente y esa rabia interna indomable que nos cobija, porque dependiendo del tipo de muerte sufrida, esta variará en intensidad.
Que les puedo decir, que el pertenecer y participar en el Grupo Volver a Vivir ayuda, Sí ayuda, porque vamos a recibir a una guía de las situaciones que debemos enfrentar, y esto nos puede ayudar a entender un poco más rápido los síntomas que se nos presentan,  preparándonos  de esta manera a superar el duelo  y no  pensar  que nos estamos volviendo locos.